EL MUNDO DE ¿EL IMPOSTOR? PARTE 4


El dibujo en la pared… ¿Qué harás?



Danny abrió los ojos, encontrándose con Big Al y Pepe que le miraban con preocupación; su cuerpo estaba paralizado, y su respiración se volvió un desastre cuando recordó lo último que había vivido.

—¿Qué fue eso? —preguntó alterado Cartwrite. Los ojos de Pepe se fijaron en el hombre robusto y de color, que en un movimiento de cabeza le invitaron a sincerarse de una vez por todas con el nuevo.

—Es el escritor —dijo Pepe, usando el título que le hubiera dado en una charla pasada—, escribe nuestras historias.

—¿Qué? —preguntó Danny molesto, sentía que se burlaban de él. Él ni siquiera creía en Dios, ¿por qué le daría créditos a una historia tan estúpida como la de alguien escribiendo su “historia”?—. ¡No digas idioteces! —exigió a punto de volverse loco.

—Sé que parece una idiotez —coincidió Pepe—, si me pongo a pensarlo también parece una locura, pero llevo tanto tiempo soportando a ese pedante que he debido aceptarlo. ¿Sabes por cuántas historias he pasado, cuántos nombres he tenido?... Una vez incluso fui maestro de filosofía de Sofía, otro personaje de cuento, y de Hilde, la hija del escritor; en ese entonces me llamaba Alberto Knox.

—¿Estás drogado? —preguntó el chico Cartwrite, pues eso es lo único que explicaría que Pepe pudiera decir tantas sandeces sin inmutarse. De ser él quien hacía tal broma no podría evitar el terminar riendo justo antes de que el otro le creyera nada. Aunque lo que justo ahora le decían fuera imposible de creer.

—No, Danny, yo no me drogo —aseguró Pepe y Danny se tiró de los pelos dándole la espalda—. No debes desesperar, necesitas tomarte las cosas con calma, si no terminarás andando en la dirección que él quiere.

—¡Él es el que escribe mi historia! —gritó Danny rindiéndose a la locura—, ¿cómo diablos se supone que puedo negarme a lo que quiere?

—Puedes —dijo Pepe—, siempre nos ha dado el beneficio de la duda, si eres lo suficientemente fuerte como para enfrentarte a él te dejará en paz, tú podrías seguir con tu historia si no te rindes a sus presiones.

—¿Qué quiere de mí? —preguntó Danny un poco resignado a lo que estaba pasando.

—Quiere que seas un ejemplo.

—¿Un ejemplo?, ¿de qué?

—De lo que puede pasar si la persona que lee esto no cambia, o de lo que debe hacer. ¿Cómo te sientes con todo esto?

—Jodido —dijo Danny dejándose caer en la dura cama en que antes había estado recostado, y de la cual no sabía a qué hora había escapado.

—Danny —habló el hombre haciendo un enorme esfuerzo por no sonar alarmado, pero que temía por la estabilidad del chico. Si bien era cierto que él no podía morir, porque una vez que un personaje es creado existe para siempre, Danny podría dejar fácilmente de ser el Danny que era cuando fue creado—, él va a ponerte a prueba.

—¿Por qué? —cuestionó el aludido y Pepe negó con la cabeza, aunque había participado en varias historias, siempre pretendiendo ganarle al escritor, nunca supo la razón de que hiciera todo lo que hacía—. ¿Qué va a pasar? —preguntó esta vez.

—Todo —anunció Pepe—, lo que imaginas y lo que no imaginas, todo puede pasar ahora.

—¿Y qué tengo que hacer?

—Ser fuerte, Danny. Que no te gane.

Danny encorvó la espalda, y escuchó como un timbre invitaba a sus acompañantes a dejar la enfermería para volver a su propia celda. Al parecer el médico había dado permiso al chico de pasar la noche en ese lugar. Eso era raro, pero pensó que debía agradecérselo al supuesto escritor de su historia, la cama de la enfermería era por mucho menos incomoda que el mal intento de cama en su celda.

El chico Cartwrite volvió a tirarse en la cama, y fijó la mirada en el techo. Intentando dormir cerró los ojos, pero los abrió de inmediato conociendo el boing boing acompañado de la casi espeluznante risa le hizo buscar al personaje que se estaba imaginando.

—Hola, Dylan —dijo el ser pequeño y naranja que brincaba en su cola enroscada—… ¿Has visto al amigo Pooh?, no he logrado encontrarlo, estoy seguro de que siguió este  camino.

—Soy Danny —dijo el chico en la cama, asumiendo que este era otro sueño, y tigger subió los hombros diciendo que era igual. Pero no era igual, él era Danny, no Dylan, tenía mucha importancia, quizá por eso se enojó—. ¡¿Qué demonios quieren conmigo?! —preguntó alterado y el muñeco de felpa que saltaba en la entrada le pidió que le siguiera.

No debía seguirlo, Pepe le había advertido que se mantuviera al margen de todo lo que pudiese ocurrir, pero no era fácil hacerlo, una parte de él creía que podía dar con el mentado escritor y al menos romperle la cara por no darle una historia de esas en que todo es bonito y termina en felices para siempre después de una vida de solo felicidad. Pero de esas historias no hay muchas, y nadie las cuenta.

Tigger brincó por el pasillo cantando una ridícula canción que recordaba de una película, y el escenario cambió, de pronto parecía que caminaban por un bosque, y los árboles tenían brazos por ramas, intentando atraparle, por eso comenzó a correr por un lugar en que todo parecía más oscuro cada vez.

—Tú me mataste —susurró una voz algo tenebrosa, una desconocida voz. Danny no pudo evitar estar seguro de qué era su mejor amigo quien hablaba, pero estaba equivocado, lo habría sabido si hubiera prestado atención a las demás voces llenas de suplicas y quejas que le ponían la piel de gallina.
Las voces a su alrededor, el ambiente tétrico y oscuro por el que andaba, los reclamos de cientos de personas que ni siquiera conocía, le aseguraban que estaba en otra historia, esta era una de terror, de zombies tal vez. Además algo, el torbellino de emociones que tenía en su interior quizá, le aseguró que al fin se había vuelto loco.

“Tú nos mataste”, “¿Por qué nos mataste?”, “¿Qué te hicimos nosotros?”, “¿Qué culpa cargábamos nosotros de la guerra entre dos países?”, “¿Puedes dormir en la noche mientras nosotros no podemos despertar por las mañanas?”

Todo eran ecos en susurros, a gritos, disformes, revueltos… todo era una tortura que Danny no podía soportar mucho más; ni siquiera sabía de qué le hablaban, ni siquiera conocía a todas esas personas, no entendía de qué guerra hablaban, pero se sentía culpable, tantos dedos señalándole como asesino le llenaban el alma de culpa. Él no había matado a nadie, pero por mayoría de votos ahora era un asesino.

Corrió con todas sus fuerzas, sintiendo como las ramas de esos árboles con rostros le arañaban el cuerpo, mientras sus voces le arañaban el alma; corrió buscando escapar de todo, queriendo no saber nada de lo que todos a su alrededor hablaban. Esto no era su culpa, no había forma de que lo aceptara.

—¡Déjame en paz! —gritó y todo se detuvo, todo excepto su corazón que seguía corriendo a pesar de que los pies de Danny no se movían—. No hice nada malo —dijo sollozando—. Tú escribes la historia… tú hiciste que ellos lo mataran… tú lo mataste, no yo —decía entrecortado mientras sus lágrimas le empapaban el rostro—. No soy un asesino, no lo soy —aseguró y una intersección se abrió frente a él.

“Demuéstralo” decía uno de los lados. “Ríndete” señalaba el otro.

El primer camino era escabroso, oscuro y atemorizante, el segundo camino era llano, claro y hermoso; el primer camino no parecía tener un final, pero al final del segundo camino estaba el avión de papel que le había salvado una vez ya.

¡Elige!

Retumbó en su cabeza.

¡Vive para demostrar tu inocencia o muere en tu culpabilidad!

Alguien lo decía, pero no le conocía.

¡Elige!

Volvieron a gritar y Danny sonrió con ironía, la decisión más importante de su vida debía tomarla: aterrado, confundido y bajo presión. No sabía si todos los escritores eran así de crueles, pero odiaba que el suyo lo fuera, sin enterarse siquiera que este sujeto se había inmiscuido en una historia que, de no ser por él, terminaría en felices para siempre.


Pepe grillo, una vez antes Alberto Knox, se enteró a la mañana siguiente que Danny se había colgado, y ahora descansaba en paz. Mientras, en un mundo que ahora nadie imaginaba, que alguien había olvidado, Daniel Arthur Cartwrite volaba sin preocupaciones en un avión de papel. 

Comentarios

  1. OMG. Pobre Danny. ¿Quién era al final el tal Dylan? ¿Qué hacía Tiger ahí (me sacó una sonrisa, en medio de todo eso)? El escritor creo que representa a todos los que alguna vez inventamos alguna historia. Sea en la adolescencia, la madurez o la vejez, creo que siempre usaremos a esos pobres personajes para exorcizar nuestros demonios. Pensemos en los de George R. R. Martin, sino. Pobrecitos. Supongo que el hecho de elegir el camino más corto no fue buena idea. No aprendió lo que hubiera aprendido en el camino más largo. Aunque sí se liberó del escritor. Lo trolleó xD
    Espero el epílogo.
    ¡Besos!

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    1. Escritores somos y personajes arruinamos. Yo sigo con que somos lo que somos y hacemos lo que hacemos xD El epílogo despejará nuestras dudas... espero o.o
      Y, sobre Danny, yo no estoy segura de que le haya ganado al escritor. Pero libre es, definitivamente. Ahora no podrá usarlo, pues se murió TnT
      Gracias por leer. Besos.

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  2. Wow, me ha encantado muchísimo. No me esperaba que Danny tomara el camino más corto. Pensé que lucharía :(

    Mi frase favorita: “¿Puedes dormir en la noche mientras nosotros no podemos despertar por las mañanas?” ♥

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    1. Me encanta que te encante XD
      Danny estaba cansado y confundido, estaba cansado de sufrir, por eso optó por el camino fácil, una pena. Pero era necesario.
      Amo cuando aman mis frases, siento que me vuelvo un poco inolvidable jeje
      Gracias por leer. Besos.

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