EL MUNDO DE ¿EL IMPOSTOR? PARTE 3

 Descripción y sinopsis
La biblioteca... ¿Quién eres? 

“¿Quieres ser libre?” ponía la nota que había estado escondiendo entre sus ropas. Esa era la pregunta más idiota en la historia de preguntas idiotas. Todo el mundo debería saber que ser libre era el deseo más anhelado de un preso.

Danny empuñó la mano, haciendo bola la hoja, y se tumbó en el mal intento de cama que había en su celda. Miró fijo al techo y con sorpresa encontró el dibujo del avión pegado justo sobre su cabeza. Se incorporó de golpe sin dejar de mirar hacia arriba, sintiendo incomodidad en su nuca.

—¿Qué diablos? —farfulló Danny aterrado. Esta broma se estaba tornando macabra, casi se le antojaba a acoso.

Pensó que debía hablarlo con Pepe, y recordó que él le había sugerido que lo ignorara, como si eso fuera tan fácil de hacer cuando estaba jugando con sus emociones. Quizá debería descubrir por sí mismo quién era ese sujeto que estaba remoliendo un dedo en su herida.

Esa noche no consiguió dormir mucho, y la mañana siguiente fue mala, Big Al le había reprendido en varias ocasiones por no poner atención, pero él no podía evitar estar disperso.

Al final le mando a limpiar, eso era algo que no podía arruinar. Danny se paseó por los estantes, quitando libros, quitando polvo y reacomodando las estanterías hasta que, entre dos libros que planeaba mover, encontró otra punta de papel saliendo.

Para Daniel Arthur Cartwrigth c/o Dylan Zamund”

«¿Dylan Zamund sería algún otro reo?, ¿debería, acaso, buscarlo y comentarle de estas notas?» No tenía idea de qué es lo que, quien fuera que escribiera esas notas, quería, pero su curiosidad era grande, aunque tenía un poco de recelo también.

Abrió el sobre y encontró una postal con un hermoso buque en alguna bahía, detrás de él una nota mecanografiada: “¿Quieres salir de esto?”. Danny sonrió con molestia.

—Quiero —dijo y una ráfaga de viento se llevó el sobre hasta algún rincón del pasillo, donde se encontró un agujero en el muro, era quizá del tamaño de su puño, pero desprendía la brisa más fresca que había sentido jamás. Miró por él y encontró el muelle donde el buque de la postal estaba atracado.

«¿Cerca de casa había una bahía?» estaba seguro de que no. «¿Qué estaba pasando?»

Danny escuchó algo detrás de él, golpes suaves y constantes, producidos por los pies de un conejo blanco que saltaba hacia él.

—Se me hace tarde, se me hace tarde —repetía el conejo mientras miraba su reloj de bolsillo.

—¿Pero qué rayos? —dijo Danny recargando su espalda al muro del agujero hacia la bahía.

—¡Gracias al cielo, Dylan! —exclamó el conejo llegando hasta Danny.

—¿Dylan? —preguntó Danny—. No, yo no soy Dylan, soy Danny —habló olvidándose de lo importante.

—Para fines prácticos, es lo mismo —le dijo el conejo—. Puedes ser Dylan, Danny, Berni, Santiago, John o nadie, eso no importa, lo importante aquí es salir de esto. Vengo a traerte la oportunidad de escapar.

—¿Escapar? —preguntó emocionado, aunque parte de toda la euforia era el revoltijo de sentimientos que sus desordenados pensamientos producían.

—A eso vine —dijo el conejo—. ¡Toma! —casi gritó cuando le entregó dos pequeños sobres a las manos temblorosas del chico cuyo nombre era irrelevante, al parecer. Entonces miró de nuevo su reloj y, abriendo enorme los ojos, volvió a brincar, haciéndose cada vez más pequeño, hasta lograr pasar por el hueco en el muro.

Danny le miró contrariado, esto era lo más loco que había visto nunca. Movió la cabeza, como intentando sacudirse algunas ideas, y abrió el sobre rosa para poder saber lo que allí había. Se había rendido a la locura, y es que acababa de ver un conejo blanco hablar, no había manera de declararse cuerdo después de eso, como mucho se declararía Alicia.

“Tú no hiciste nada malo, y lamento que estés en esta posición” decía. Lo sabía, en el fondo seguía aferrándose a ese hecho irrefutable. Él no hizo nada malo, él esperaba que ese fuese uno de los días más felices de su vida, y una panda de idiotas arruinó, no solo su día, también su vida.

Los ojos de Danny se llenaron de lágrimas, que se escurrieron por sus mejillas inundando el lugar donde estaba. Sus lágrimas eran demasiadas, llegaron a cubrirle hasta las rodillas, y seguía fluyendo. En serio parecía estar en el cuento de Alicia en el país de las maravillas, ahora solo le faltaba hacerse pequeñito. Sonrió ante la idea y, tallando sus mejillas para deshacerse del río que eran sus lágrimas, abrió el sobre azul.

“Te perdono” decía. Danny sonrió enorme, él sabía que no era culpable y aun así esas dos palabras le habían hecho sentir tan bien, tan ligero, tan pequeño. Su culpa se había disminuido tanto que se sentía realmente aliviado. Pero su sonrisa desapareció cuando se dio cuenta que en serio estaba disminuyendo de tamaño, y no solo eso, estaba por caer en ese inmenso mar de lágrimas que él mismo había formado.

A nada de caer en sus lágrimas recordó ese avión de papel en el techo de su celda. Ni siquiera se había tomado la molestia de quitarlo de donde lo encontró la última vez. Danny pensó que hubiera sido bueno ponerlo en su bolsillo, seguro que en este incordio el avión le había servido para salir volando y ser libre al fin.

—Estoy loco —dijo y escuchó el crujir del papel. El avión que había estado deseando le acababa de rescatar. Danny rió a carcajadas mientras el pequeño avión de papel hacía algunas piruetas y, cuando atravesó el hueco en el muro, soltó tremendo alarido. Se sentía vivo, de nuevo, como hace demasiado no se sentía, y le gustaba; era libre y lo amaba.

—Danny, Danny, hey chico, despierta —escuchó y se encontró a Big Al moviéndole desde uno de sus hombros. Abrió los ojos grande después de haberlos cerrado con fuerza, y se encontró a sí mismo recargado en una pared, con la antología de cuentos abierta en la página donde Alicia seguía a un conejo blanco con un reloj de bolsillo en la mano—. Vamos chico —dijo Big Al ayudándole a ponerse de pie—, es hora de comer.

Danny se levantó y colocó el libro en una estantería que no recordaba haber limpiado, y sus ojos se fijaron en la pintura al fondo del pasillo. Un buque en un pequeño puerto. Caminó hasta él conoció de inmediato el lugar con el que había soñado.

“¿A qué sabe la libertad?” rezaba la leyenda de la obra. Danny sintió escalofríos. Esto era demasiado, necesitaba hablar con alguien y solo se le ocurría Pepe.

En el comedor contó a Pepe lo de las notas y el sueño, también lo del avión que seguía apareciendo, incluso en su sueño, y lo de la leyenda en el cuadro que había visto en una postal en su sueño. Estaba esperando, deseando, que Pepe hablara de algunos fenómenos psicológicos que explicaran como sus acciones del día habían convergido en su inconsciente, creando la fantasía de que era libre. Pero la cara de Pepe era de verdadera preocupación, por lo que dedujo correctamente que dicha clase no llegaría.

—Esto es demasiado —se quejó Pepe—, está haciendo imposible pasarlo por alto.

Danny coincidió con eso, no había manera de ignorar lo que fuera que estuviera pasando.

—¿Quién es? —preguntó Danny y Big Al negó con la cabeza—. ¡Exijo saber quién está haciendo esto! —dijo Danny molesto por las miradas de complicidad entre sus compañeros.

—Es el escritor —dijo Pepe—, aunque más bien es el entrometido escritor.

—¿Qué diablos? —cuestionó el chico Cartwrite intentando creer que esto era una metáfora. Pero… «¿Sería que Dios le estaba hablando por medio de notas y sueños?, ¿quién era él?, ¿José?» Sonrió, ni siquiera recordaba haberse drogado. «¿O acaso esto era otro sueño?» Deduciendo que esa era la respuesta correcta levantó su tenedor y, con toda su fuerza, lo encajó en su pierna, sintiendo el dolor recorrerle todo el cuerpo y la sangre huir de su cuerpo.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Pepe asustado.

—Quería despertar —señaló el chico a punto de vomitar de tanto dolor que sentía—, pero este no es un sueño.

—Por supuesto que no lo es —dijo Pepe—, esta es la realidad, tu realidad, una realidad que ahora escribe él.

“La verdadera libertad viene con la muerte” vio Danny escrito en la pared de la cocina.


—¡Muere Dylan! —un eco en susurro que le hizo retumbar el corazón tan fuerte y rápido que lo sentía a punto de estallar, pero de pronto todo, incluso su ruidoso corazón, dejó de sonar, todo desapareció junto a la conciencia de Danny. 

Comentarios

  1. Eso mismo me temía. Lo del avión, escapar, ser "libre"... no podía ser otra cosa que una invitación al suicidio :( Es macabro. Y qué terrible esa herida con el tenedor, me dolió incluso a mí.
    Por otro lado, vi el nombre de Santiago y dije "wiii...". Además me gustó la frase "no había manera de declararse cuerdo después de eso, como mucho se declararía Alicia". Me hizo reír.
    Espero ver cómo termina ♥
    ¡Besos!

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    1. ¿Tiene algo que ver el hecho de que inviten a morirse a un tal Dylan y no a Danny? Sí, ya sé que el conejo dijo que el nombre no importaba. Espero el próximo, me he quedado con la duda.

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    2. Yo no sé como haré para concluir todo el próximo capítulo, aunque ya me he planteado el uso a un capítulo llamado "Contrapunto". Esa frase me hizo reír incluso a mí xD
      Gracias por leer.
      Pd. El hecho de que dijera que no importa el nombre va más en la dirección de que cualquiera puede tomar la moraleja, que no es exclusiva de Dylan o Danny.
      PD2. Llevo a Santiago tatuado en la piel xD

      Besos hermosa.

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  2. ¡Hola! ¡Madre mía! Ha dado un giro impresionante :O Coincido con Cyn, es un poco macabro jaja Si no ha hecho nada realmente... Tengo muchísimas posibilidades en la cabeza y muchas dudas también jaja estoy deseando leer el final y resolverlas. Me gusta cuando el autor juega de esta forma con el lector ^^ ¡Un besazo!

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    1. Yo deseo que haya respuestas también, las cosas cortas me dan un montón de problemas. Pero me he mentalizado desde el primer capítulo. Y jugar con sus mentes es mi parte favorita de ser escritora. Saludos.

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  3. Madre mía! Ha sido buenísimo. Me quedo con ganas del 4 capítulo y de ese contrapunto 😊

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    1. Gracias, ya vienen, no tengo claro el final aún —y lo he iniciado hace dos días, nunca me había costado tanto escribir o.o—, pero el cotrapunto ya está en mi cabeza, Una locura, lo sé, pero me funciona. Deseo estar a la altura de las expectativas, Saludos.

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  4. me encanta este giro algo oscuro! casi termino de leer tu historia y me tiene atrapada, ¿Tú crees que al terminar pueda hacer una reseña? besos

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    1. Me gusta que te gustara mi historia, gracias por leer. La reseña me parece una excelente idea. La agradecería mucho. Besos!!!!

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