NO, SOCIEDAD, ¡NO!

Las cosas no deberían ser así y me voy a quejar justo aquí.

CRÓNICAS DE UNA DESPISTADA

Serie de relatos que muestran las desventuras que conlleva ser despistada, todas basadas en hechos reales. Yo soy una despistada.

NOCHES DE MIL UNIVERSOS

Bajo este nombre, dos aspirantes a escritoras —bastante talentosas y no muy reconocidas—, vamos a escribir de todo lo que nos gusta ver, oír y hacer.

CUATRO ACTOS, UN GUIONISTA, UN ACTOR Y UN TELÓN QUE YA CERRÓ

Relatos que representan de las situaciones más significativas y difíciles que he debido afrontar para lograr salir delante de la mejor manera que, estas y una actitud resiliente, me permitieron.

COSAS QUE PASAN

Relatos de situaciones que podrían pasarle a cualquiera ¿Te han pasado?

domingo, 23 de octubre de 2016

CRÓNICAS DE UNA DESPISTADA


Este es un proyecto que, inicialmente, estaba en wattpad. Pero como se está reformando —o soy yo la que se reforma, no estoy muy segura ahora—, pues vino a parar por acá.

Es una serie de relatos que muestran las desventuras que conlleva ser despistada, todas basadas en hechos reales. Yo soy una despistada.

Uno que comienza con mi peor despiste, no hasta ahora pues ha habido peores, pero sí para este proyecto, porque había alrededor de seis crónicas en la historia que ya borré de wattpad y que no tengo guardadas en ninguna parte TTnTT estaba escribiéndolas allí. 

Y pues, intentaré rememorarlas para volver a escribirlas y presentarlas. 
Ojalá les gusten y esperemos que, ustedes no sean tan despistados como yo.


Índice


Autobús equivocado





"Ser despistado es vivir intentando convencerte a ti misma que, lejano a lo que parece, no padeces ningún tipo de dislexia"






—Camión 606 —aseguré— es este —y nos montamos en un autobús que nos devolviera a la ciudad de Xalapa después de haber conocido nuestro próximo destino de trabajo, una comunidad rural llamada Llano Grande, a tres horas aproximadamente de la ciudad donde vivíamos. 

El camino no era diferente, pero las calles que comenzamos a cruzar casi tres horas después si se veían algo nuevas.

»Tal vez entramos por otro lado —sugerí a Ana Rosa, mi compañera de camino, trabajo y vivienda—. Pero todos los camiones llegan a la Sauceda —aseguré algo que en realidad no sabía, pero que imaginaba, 

Media hora de camino después, después de que todos los pasajeros dejaran el autobús, el chófer preguntó: —¿Hasta dónde van señortias?

—A la sauceda —dije intentando no mostrarme avergonzada. A estas alturas ya sospechaba yo que había autobuses que no se pasaban por la sauceda y que este era uno de esos camiones. 

—No paro en la sauceda —dijo—, yo llego hasta aquí y me devuelvo al llano.

Ana Rosa y yo agradecimos el retorno y bajamos del autobús pretendiendo que la tierra nos tragara. 

—"Todos los camiones llegan a la sauceda" —farfulló Ana haciendo unos ademanes demasiado infantiles. 

—Tal vez era 609 —sugerí apenada mientras buscábamos un taxi que nos llevase directamente a nuestra dirección en Xalapa. Porque afortunadamente no subimos a un camión que nos llevara a otro lugar. 





Perderse en otra ciudad no es tan de despistados no, aunque lo que nos llevó a eso fue no fijarme bien en el número de ruta que debíamos abordar. ¿Les ha pasado?
Lección seis: Anotar las cosas importantes y cerciorarme de ellas siempre. 

Calles desconocidas





"Ser despistado es tener la fortuna de sentir la adrenalina de lo desconocido en tu propia ciudad"







Era el cumpleaños de mi mejor amiga, me había invitado a comer a su casa y acepte, por fortuna para mí esta no era la primera vez que visitaba su casa, aunque la colonia en que vivía ella era una que yo no conocía demasiado. 

Conocía el camino hasta su casa, de eso estaba segura, pero como buena despistada que soy, en alguna parte del camino equivoqué una vuelta, terminando en una calle completamente desconocida.

Pero dicen por ahí que todos los caminos llegan a roma ¿no?. Pues ojalá mi amiga hubiese vivido en Roma, porque desconocí una a una todas las calles que crucé. 

—¿Vas a venir? —preguntó mi amiga que, al no verme llegar, me había contactado por teléfono. 

—En cuanto me entere en donde estoy parada y como se llega a tu casa —le dije.

—¿Te perdiste? —se rió—, describe tu entorno —dijo fingiendo la voz y en un tono tan serio como el de mi profesor de lengua española. 

Comencé a darle las señas del espacio que actualmente cruzaba y la vi doblar la próxima esquina. 

—Casi llegaste —dijo y la abracé, entonces la seguí y llegamos a su casa una calle después de donde yo estaba completamente perdida.





¿Alguien se ha perdido en su propia ciudad?, a mí solo me ha pasado como cuatro veces TTnTT
Lección cinco: Evitar las calles nuevas, si no estoy dispuesta a una nueva aventura de exploración. 

Espacios que se encogen






"Ser despistada es tener siempre en mente que las cosas no son lo que parecen"






Al fondo de la casa, en mi habitación, tirada en la cama estaba revisando lo que pudiera revisar de mis múltiples redes sociales; cuando el teléfono de mi casa sonó.

"¡Contesten!" alguien en la segunda planta gritó y, a sabiendas que era la única en el piso de abajo, corrí a la sala escuchando el cuarto timbre del teléfono. 

«Si paso» pensé al ver el poco espacio entre las sillas del comedor, que estaban desacomodadas, y el altillo de la cocina que separaba ambos espacios. Pero tal vez el espacio no era mucho, o no soy tan delgada como creía, porque mi costado derecho se chocó brutalmente con la plancha de concreto que era el altillo de mi cocina. 

—¡Auch! —hice mientras levantaba la bocina del teléfono. 

—¿Chocaste? —la voz de mi madre al otro lado del auricular 
.
—Con el altillo —informé presionando con fuerza el lugar afectado, como queriendo contener todo el dolor que desprendía. E intentando no llorar recibí el recado que tenía mi madre para hacer. 




¿Les ha pasado?, a mí me pasa con todo. Creo que no hay cosa en mi casa con la que no haya chocado. Lección cuatro: No correr en espacios reducidos, ni con muchas cosas, 

Puertas invisibles





"Ser despistado es acostumbrarse a la aparición repentina de objetos frente a ti"






Estaba luchando con mi terrible somnolencia y mis ganas de orinar. Sin contar con el inclemente frío que me suplicaba no abandonara la cama si no quería que hiciera estragos en mi piel. Era plena madrugada por lo que la decisión se tornaba más difícil. 

Al final las necesidades fisiológicas ganaron y, con todo el pesar de mi alma, dejé la cama atrás para ir al baño, a unas cuantas puertas de mi habitación. 

Al rato volví, sorteando los objetos que recordaba, pues en mi ida al baño estaba aún tan dormida que no encendí ninguna luz. Caminé hasta mi habitación y, al llegar hasta ella, mi cara y dedo pulgar del pie derecho se encontraron con la puerta cerrada de mi habitación, que no recordaba haber cerrado. 




¿Les ha pasado?. En mi defensa voy a mencionar que todas las puertas de mi casa son café oscuro, así que de noche, con las luces apagadas, pues no se ven. 

Y la tercera lección aprendida es: Si no encendiste la luz al salir de tu cuarto, camina con las manos al frente. 

El maldito bolígrafo






"Ser despistada es aprender a vivir con el hecho de que las cosas siempre estarán donde menos lo esperas"





Como loca —otra vez—, levantando cuadernos, libros, los pies; revisando la mochila y espacios cercanos a mí y mi maldito bolígrafo no estaba en ninguna parte, ni en mis manos, ellas estaban libres de culpa esta vez.

—¿Qué buscas? —preguntó Saira, mi compañera de clases y de asiento.

—Mi lapicera —dije con cansancio, Recién había terminado la clase y la había dejado de usar justamente hace unos minutos—. No sé donde la puse. —Saira me miró con una mezcla rara de burla y compasión.

—En la cabeza —dijo después de que mi ceño se frunciera al verla. Llevé mis manos a la cabeza y la encontré, ensartada en mi coleta de cabello.




¿Les ha pasado?. Y mi lección número dos fue: Si no está en tu mano, revisa tu cabeza. Literalmente. 

Las benditas llaves




"Ser despistada es enfrentarse al acto místico de que las cosas desaparecen frente a tus propios ojos"






Estaba como loca, un estado casi natural para mí, buscando y rebuscando por toda la casa y, de mis benditas llaves, no había ni rastro.

Busqué en tantos cajones como había en mi casa, debajo de cada cama, cada mesa, cada sillón y nada. No podía creer que hubieran desaparecido cuando hace apenas unos minutos las había visto, aunque no recordaba en donde. 

Cansada, desesperada y al borde de las lágrimas; decidida a no asistir a ese evento al que iba por de más tarde, me dejé caer en el sofá de la sala. Estaba estresada sobremanera mis mandíbula temblaba por la frustración contenida y, furiosa, aventé eso que mi mano tenía rato empuñando fuertemente. Mis llaves. 




¿Les ha pasado?. Pero bueno, aprendí una muy importante lección: Si no encuentras lo que buscas, revisa tus manos.