NO, SOCIEDAD, ¡NO!

Las cosas no deberían ser así y me voy a quejar justo aquí.

CRÓNICAS DE UNA DESPISTADA

Serie de relatos que muestran las desventuras que conlleva ser despistada, todas basadas en hechos reales. Yo soy una despistada.

NOCHES DE MIL UNIVERSOS

Bajo este nombre, dos aspirantes a escritoras —bastante talentosas y no muy reconocidas—, vamos a escribir de todo lo que nos gusta ver, oír y hacer.

CUATRO ACTOS, UN GUIONISTA, UN ACTOR Y UN TELÓN QUE YA CERRÓ

Relatos que representan de las situaciones más significativas y difíciles que he debido afrontar para lograr salir delante de la mejor manera que, estas y una actitud resiliente, me permitieron.

COSAS QUE PASAN

Relatos de situaciones que podrían pasarle a cualquiera ¿Te han pasado?

domingo, 12 de junio de 2016

CUATRO ACTOS, UN GUIONISTA, UN ACTOR Y UN TELÓN QUE YA CERRÓ

Lo mencioné en mi primer post y creo que es bueno que esta novelilla no termine empolvada en mi librero. Internet es lo mejor. 


PROLOGO
La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad, saliendo fortalecido y alcanzando un estado de experiencia profesional y personal. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés,soportando mejor la presión, Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos de mayor capacidad para afrontar los retos. Instituto Español de Resiliencia 

En el libro Autobiografía de un espantapájaros, del cual nace la inspiración para estos relatos, queda comprobado, mediante los relatos allí narrados, que las personas no quedan encadenados a los traumas por toda la vida, sino que cuentan con un antidoto, la resiliencia, que no es otra cosa más que una actitud vital positiva que estimula a reparar los daños sufridos convirtiendolos, a veces, hasta en obras de arte.


INTRODUCCIÓN
En el momento en que uno propone una relación comienzan los sueños, las ideas y las imágenes que darán vida a una representación.

Ese sueño, esa puesta en escena de una felicidad imaginaria, crea un sentimiento de bienestar que permite escapar de lo real y dejar atrás lo doloroso. Y es que lo imaginado proporciona al ser humano la posibilidad de liberarse de la realidad, de concebirla de otro modo, de un modo mucho más llevadero.

Cuando la representación del pasado impone persistencia de una imagen horrible, prepara el sufrimiento psicotraumático. Pero un sueño loco, que utiliza la tragedia para crear una novela romántica, abre una posibilidad de resiliencia.

Lo que las páginas de “Cuatro actos, un guionista, un actor y un telón que ya cerró” relatan, es la representación de las situaciones más significativas y difíciles que la autora ha debido afrontar para lograr salir delante de la mejor manera que, estás y una actitud resiliente, le permitieron.


A manera de cartas, notas, poemas y explicaciones dramáticas se intenta mostrar al lector las situaciones, reacciones y actitudes resilientes por las que la autora ha pasado; las situaciones, reacciones y actitudes que hoy la tienen donde está.

ÍNDICE

Capítulo 1. El adiós que más duele
Capítulo 2. El héroe que ya cayó
Capítulo 3. Arruinado por el silencio
Capítulo 4. Donde el camino se parte

COMENTARIOS FINALES

Cuando las cosas más inesperadas pasan y nos atropellan, nos dejan sin habla y sin aliento. Cuando quedamos atrapados en ese sinsentido, perplejos, no podemos hacer más que dejarnos llevar por la situación. Después de todo no podemos nadar contracorriente cuando no tenemos fuerzas.

Pero después de ser arrastrados, cuando embocamos en aguas más calmadas, lograremos recobrar fuerzas y analizar la situación de manera que podamos tomar una decisión. Ya sea seguir adelante, dejando todo esfuerzo atrás, o intentar de nuevo buscando un resultado distinto.

Sea cual sea la opción elegida, lo que pasó no solo se quedará ahí, como un jarrón que no estorba en un rincón; si no que será base de las nuevas acciones. 

Si hemos de volver, primero deberemos analizar el fallo cometido, identificar lo que nos funcionó y lo que no volveremos a hacer. Si la decisión fue dejarlo atrás, hemos de superar lo ocurrido, desatándonos por completo de ello. 

Se ha escuchado más de una vez que la vida  es una obra de teatro que no permite ensayos. De mi parte añadiría que sí permite segundas representaciones. Escenas reescritas con las modificaciones necesarias para que, esta vez, todo salga bien. Esto nos permitiría ser Actores de nuestras vidas, Espectadores en retrospectiva y Guionistas de la nueva presentación.

Hoy que miré el pasado me dí cuenta que no podía cambiarlo. Pero que,con él, decidiría el presente que cambiará el futuro. 

Capítulo 1. El adiós que más duele


"Y es que ni siquiera imaginé que esa despedida sería la última que tendríamos, de haberlo sabido, le habría dado más besos, le habría dicho más cosas, le habría agradecido por todo, lo habría abrazado para siempre a mí"

El lápiz golpeteaba rítmicamente sobre el escritorio, mientras el cuadernillo frente a mis ojos seguía en blanco.

No se supone que fuera tan complicado escribir una poesía. En realidad no lo era, lo sabía. Tan sólo debía aparecer una idea en mi cabeza y las ideas comenzarían a fluir. Se escaparían de mis dedos y se instaurarían en el papel que esperaba ansioso sobre el escritorio, tal como había pasado mil veces ya.

Una idea... Un tema... Una imagen... Solo eso faltaba para que la imaginación comenzara a correr.

La radio le hacía segunda al silencio que me apabullaba. Sabía que eran ecos de una vida que me gritaba —Ten, toma inspiración.

Pero no estaba segura de querer ayuda pues, después de todo, era mi corazón quien deseaba escribir, que por tinta ofrecía su propia sangre, que por sudor ponía las lágrimas que una vez derramó.

Respiré hondo, tan hondo como pude hacerlo y dejé caer mis hombros atrás mientras me balanceaba en una silla y cerraba los ojos. Entonces me sumergí en la letra de la canción que la radio me regalaba.

No sé si puedes escucharme desde éste lugar 
No sé si tengo cobertura desde el más allá
Yo lo que quiero es que me perdones por no poder cumplir
Aquellas cosas tan bonitas que te prometí

Me acuerdo que siempre decía que te haría feliz
Que siempre, pase lo que pase, estaré junto a ti
Pero hay cosas que las personas no pueden decidir
Maldita sea mi suerte, tuvo que pasarme a mí

Y LA CARRETERA, MALDITA RUTINA
POR SOÑAR CONTIGO ME QUITÓ LA VIDA
ME SEPARÓ DE TI, ME SEPARÓ DE TI
SIN SIQUIERA PODERME DESPEDIR...

Belén Moreno despertó en mí no sólo inspiración. Esa canción, junto con los recuerdos que no dejaban de volver a mí, golpeaba mi corazón.

Pude recordarlo, pude recordarnos, pude recordarme. Pude verme quejándome de lo que había sucedido. Ni siquiera había pasado tanto desde la última vez que nos vimos, así que era lógico pensar «Es que ni siquiera imaginé que esto podría pasarme a mí».

Sentía la injusticia atropellarme una y otra vez. A mí, a él, a los que lo amábamos y nos quedamos sin él.

No pude evitar repetir las trilladas frases que ahora cobraban sentido: 
«¿Por qué a mí?,¿Por qué ahora?».

Yo quería morir junto a él. Sin él no me quedaba mucho después de todo. Él se llevó nuestra historia con su presencia. De nosotros ahora sólo quedaba yo y no quería aceptar la soledad que me dejaba entre las manos.

Debía decirle adiós, pero no quería.

¿Cómo podría hacerlo si ni siquiera aceptaba el hecho de que se fuera de mi lado?, ¿Cómo podría hacerlo si lo único que quería era apretar fuerte los ojos y despertar de esta maldita pesadilla?, ¿Cómo podría hacerlo si aún esperaba que esto fuera sólo una mentira?

Deseaba con todas mis fuerzas que ante mí se apareciera con la sonrisita burlona con que siempre me saludaba, diciendo «Te engañé» Pero no pasaría, y no era justo. 

No lo quería, no le diría adiós, yo simplemente fingiría que no pasó. Esa fue mi decisión.

Aun me duele la ausencia, aun me duele verlo entre sueños, aun creo que al ir a su casa lo encontraré en ese sillón en que pasamos horas jugando, riendo, bromeando, planeando, compartiendo una vida que nos unió antes de nacer.

Aun no acepto que te fuiste, aun no creo que no te volveré a ver, aun espero que vuelvas conmigo.

Mientras que las lágrimas, que ahogaban mis ojos, corrían por mis mejillas, mientras mi corazón latía tan rápido y mi dolorido pecho dificultaba mi respiración, me di cuenta que, por mucho que no quisiera ver, la verdad no cambiaría.

La vida seguía corriendo y yo no podía seguir atada al dolor, pero, «¿Acaso no sería yo tan injusta como la vida si tan solo lo dejara en el pasado?».

No quería ser injusta con él. Creía que ya se habían cometido demasiadas injusticias en él. No podía hacerle eso.

No paraba de repetirme que eso no le habría gustado. Él hubiera querido que le recuerde siempre y yo quiero recordarlo siempre.

Mi cabeza era demasiada confusión. Un lápiz y un papel no curarían mi dolor, así que, decidida a dejarlo por el momento, respiré hondo, más hondo de lo que pude la última vez.

Cerrando mis ojos lo busqué entre mis memorias. «Al menos él podía vivir siempre allí» pensé cuando el sueño me atrapó.

* * * * * * * * * *
Abrí los ojos y me calaba la luz. Parecía que mi cabeza estallaría en cualquier momento y aun podía sentir el dolor que la agitada respiración había dejado en mi pecho.
Me incorporé y lo vi. No podía creerlo. Era imposible pero de verdad estaba allí. Era él carne y hueso. Era él en persona.

«¿Acaso desperté de la pesadilla o aún sigo dormida?, ¿Se acabó la broma acaso?, ¿Éste es el sueño o es la realidad que esperé tanto?».

Parecía imposible pero era él. Con su sonrisita burlona mirándome dormir. Era él con su sonrisita burlona observando como la confusión me volvía loca.

No sabía qué hacer, no sabía qué decir, ni siquiera sabía qué pensar.

Y como si lo supiera comenzó a hablar —No tienes que decir nada, solo vine a que me escucharas.

Pero no podía escucharlo, había mil palabras dando vueltas en mi cabeza, mil palabras que terminaban atoradas en mi garganta.

Y, aunque quise decirle todo lo que había guardado por tantos meses, no logré articular ni una sola palabra.

Como respuesta a mi silencio dijo —Si hubiese sido al revés... si hubieras muerto tú y no yo... ¿Qué querrías para mí?... ¿Querrías que viviera atado al dolor de no tenerte?... ¿Querrías que ya no caminara más en la vida?.

Sentí que me atravesó un rayo, sentí un frío paralizante correr por mi ser.

«¿Por qué me preguntaba eso?, ¿Era un reclamo acaso?» Yo sólo no quería ser injusta con él como lo había sido la vida.

Y como si pudiera leer a través de mis confundidos pensamientos dijo —No fue agradable lo que pasó, pero yo estoy bien con eso, tú no. La vida no me hizo nada, solo pago las consecuencias de correr por donde no debía. Aquí la única injusta eres tú, pero no conmigo, contigo, y me duele ser el causante de tu dolor... Me duele que sea por mí que ya no camines la vida que tienes... Es injusto que tú que tienes una vida la desperdicies de esta manera, esa es la verdadera injusticia.

Miré el cielo detrás de él. Miré esa luz que entraba por la ventana incomodando mis ojos. Vi su sonrisita burlona, respiré profundo y, antes de que yo pudiera decir nada, se fue. Desapareció, dejando un eco que repetía —Adiós... Adiós.

* * * * * * * * * *
Abrí mis ojos y ya no había luz, pero todavía parecía que mi cabeza estallaría en cualquier momento y también podía sentir el dolor que la agitada respiración dejó en mi pecho.
Me incorporé y no lo vi.

«Aquí la única injusticia la cometía yo» no dejaba de repetirlo para mis adentros. «Aquí la única que no hacía lo que debía era yo... Él estaba bien» ¿Cómo podría tragarme eso?.

No entendía lo que pasó, además, era un sueño, no es como si de verdad hubiera venido a hablar conmigo, tal vez el subconsciente me traicionó.

Pero... Si hubiera sido al revés... Si hubiera sido yo y no él... En realidad me habría gustado que viviera lo que ya no pude. Me habría gustado que tuviera nuevos sueños y que luchara por alcanzarlos. Me habría gustado vivir en sus memorias y sólo allí. Me habría gustado ser parte de su vida permaneciendo en el pasado y nada más.

Eso pensé. Eso y que de nuevo se fue sin que yo le dijera adiós. Pero al menos esta vez él lo hizo.

Sonreí, pero no era una sonrisita burlona, sino una de esas sonrisas que se ven iluminadas por la satisfacción de haber vivido algo bueno.

Sonreí y el papel comenzó a llenarse de letras, de palabras, de frases, de un adiós que sabía le llegaría a donde fuera que se encontrara.

Yo escribía una poesía como respuesta de agradecimiento por una vida compartida, por muchos momentos felices.

Dios nunca se equivoca,
él hace lo que es mejor,
aunque a veces no lo entendamos,
y aunque a veces no lo queramos.

Un buen hijo, un gran amigo,
una excelente persona,
fue lo que te llevaste contigo
y nos dejaste para extrañar.

No es fácil aceptar que ya no estás,
ni es fácil resignarse a no verte más,
pero mucho agradezco a Dios,
haberte tenido en mi vida.

¿Quién iba a imaginar
que algo así ocurriría?
si tanto repetías
que nada pasaría.

Sin tu presencia nos quedamos
amarrados a la esperanza
de que en un día no tan lejano
volveremos a encontrarnos.

Te extrañáremos
y aún más, siempre te querremos
y aunque duela no tenerte
jamás te olvidáremos.

Para Sergio Iván, mi mejor amigo. 
De María Eréndida, quién más te extraña.

Capítulo 2. El héroe que ya cayó


"Su capa ya no la mecía el viento, su recta postura se había encorvado, la fuerza de sus brazos se había ido, pero sus ojos seguían reflejando la valentía que me hacía sentir segura"


Mi hijo estaba creciendo y ya no me necesitaba para muchas cosas. Ahora podía alcanzar la pasta de dientes de la repisa del baño, podía atarse las agujetas solo e incluso era capaz de ir por la calle sin tomarme de la mano, y eso me gustaba. 

Mi hijo estaba creciendo y había cosas desapareciendo, entre ellas su necesidad de mí y también la admiración que notaba en sus ojitos cada que veía venir a su papá, y eso no me gustaba mucho.

Tal vez era normal que perdiera la admiración por nosotros. Ahora que no era pequeño muchas de las cosas, que antes eran maravillosas, habían perdido su encanto. Él ya no las veía imposibles, ni tampoco inalcanzables, era normal que la admiración se fuera. Pero me disgustaba que se llevara el respeto consigo.

Ahora ya no quería ser como papá. Ahora un astronauta era mejor que papá. Eso era algo que él pensaba y que todos notábamos y todos reaccionábamos ante tal situación. Pero uno de nosotros no reaccionaba tan bien como me hubiera gustado.


—Creo que deberías buscar un tiempo para estar con él —sugerí a mi marido que se limitó a fruncir los hombros y decir —A él no le interesa, es una pérdida de tiempo.

Bufé —Pues parece que tampoco a ti te interesa —y él excusó —Ya no le gusta estar conmigo, —con molestia preguntó —¿Pretendes que le obligue y de esa manera me odie más?. —Aclaré —Él no te odia —y dijo mi marido —Claro que sí. —Con apesadumbrada expresión inquirió —Él no me quiere más, eso está claro.

Abrazándolo a mí suspiré diciendo —Aquí lo único que queda claro es que tengo dos niños en casa —provocando un quejido de mi amado esposo que hacía un mohín y decía —Mamaaá —haciéndome reír y señalar —No tienes remedio.


Lo que a mí me quedaba claro que algo debía de hacerse pues, mientras uno perdía admiración y respeto por el otro, el otro perdía seguridad e interés. Y no quería vivir en un ring donde se intercalan altercados y silencios continuamente. Eso ya lo había visto y no me había gustado.

¡Ya lo había visto!... eso era verdad. Incluso había tomado medidas para no volver a pasar por lo mismo, para no tener que ser réferi de una pelea sin sentido.

Justo ahora pasaba por mi mente aquella historia que, años atrás, había ideado y contado en incontables ocasiones a mi hijo. Una historia que se convirtiera en su favorita cuando pequeño.

Justo ahora tenía una loca idea rondando mi cabeza. «¿Será que esto va a funcionar?» no podía dejar de preguntármelo mientras una extraña emoción inquietaba mi corazón.

Pero supuse que, sin importar el resultado, debía intentarlo. Así pensé y así lo hice. Entré en la habitación de mi hijo cuando él se disponía a dormir.

—Amor, ¿me dejas contarte una historia? —pregunté mientras lo arropaba en la cama. Me miró extrañado y preguntó —Si sabes que no tengo seis años ¿no? —sonriendo dije —Lo sé, pero quiero contarte esta historia, ¿puedo? —aún no muy convencido asintió. Me senté en la orilla de su cama y comencé:

Había una vez, en un lejano lugar, un hombre que bien podía pasar por un súper héroe. Un hombre que siempre ayudaba a todos y que no le importaba poner en riesgo su vida para salvar a quien se encontraba en aprietos. 

Era un hombre tan joven, tan gallardo y tan valiente, que a cualquier chica le habría gustado tenerlo de príncipe azul. Era tan fuerte, tan intrépido y tan popular, que a cualquier chico le habría gustado ser como él. Todo el mundo le respetaba y le amaba. Todo el mundo hacía lo que él pedía. Pues era tan amable y elegante que difícilmente alguien le diría un no, pues además nadie desconfiaba de sus palabras.

Aquel lejano lugar, bajo la influencia del amable y valiente súper héroe, comenzó a hacer las cosas bien. Ese lugar aprendió a ser súper, en medida de sus posibilidades. Así fue como el héroe de ese lugar dejó de tener mucho trabajo. Ahora todos ayudaban a todos y nadie hacía daño a los demás.

Pero en ese lejano lugar, los años pasaron y las generaciones cambiaron. Ahora era mayores los que habían aprendido del súper héroe que ahora no parecía ni la sombra de quién una vez fue, los años también pasaron en él.

Ahora su capa ya no la mecía el viento, su recta postura se había encorvado, la fuerza de sus brazos se había ido, incluso se había perdido todo lo que había enseñado. Los jóvenes de ahora no creían que fuera tan maravilloso como sus abuelos habían contado. Ahora aquél súper héroe ya no era un héroe, ni tampoco era súper.

Sucedió entonces un accidente a un grupo de jóvenes intrépidos que, envalentonados, incursionaban por un bosque lleno de peligros. Resulta que el puente por el que cruzaban a su mayor aventura se rompió mientras lo atravesaban, haciendo que todos terminaran en una barranca que parecía un laberinto sin salida. Además muchos de ellos estaban lastimados por la caída, eso les hacía más difícil el salir de allí.

Y pasaron días en ese lugar, perdiendo a cada minuto la esperanza de volver a sus casas. Mientras tanto, en la ciudad, todos estaban asustados por la desaparición de esos jóvenes y, si había un momento para buscar un súper héroe, era justo ese.

Se reunieron los padres de los jóvenes y fueron a buscar a aquél hombre que una vez fue su héroe. Y, aunque estaba cansado, y sabía que los chicos no creían para nada en él, se puso de pie y salió en auxilio de esos chicos pues, un súper héroe debe hacer lo que un súper héroe debe de hacer.

No le tomó mucho tiempo encontrar a los intrépidos, y ya no tan valientes, aventureros que habían caído en esa barranca. Estaban cansados, raspados, algunos fracturados y, absolutamente todos, hambrientos. Cuando vieron una silueta acercarse a ellos, una chispa de alegría casi iluminó sus rostros. Pero al reconocer el rostro de aquél hombre, todo rastro de emoción desapareció.

Él súper héroe no esperaba otra reacción. Pero un salvador debe salvar. Porque esa es su pasión, su misión y su responsabilidad.

Detuve la historia y me volví hacía mi hijo. Su cara ya no expresaba extrañeza, pero aún no parecía entender el punto de la situación. Pregunté —¿Estás cansado?, ¿quieres que me detenga? —y él negó, así que continúe.

Los jóvenes no creían en un héroe que no habían visto en acción, pero ya habían intentado mucho y no habían logrado nada. Así que se decidieron a aceptar la ayuda que ese supuesto héroe les ofrecía. Además, una mano amiga nunca estaba de más.

El súper héroe, que ya había pasado sus años de gloria, comenzó por curar a los heridos y establecer un ambiente de poca más tranquilidad. Cuando hubo un poco más de paz en las almas de los aún aterrados chicos, el súper héroe se comenzó a mover.

En el caminó hubo tropiezos y situaciones adversas, pero cada paso aseguraba que algo se estaba haciendo. Un tronco que obstruía el paso fue movido por varios de los chicos, bajo las indicaciones del súper héroe, pues entre los heridos había chicos que no podían saltar. Y así, cada obstáculo fue superado con el trabajo en equipo.

Los chicos se dieron cuenta que el hombre no parecía hacer mucho, sin embargo, desde que él llegó, las cosas habían cambiado. Se preguntaron ¿por qué la sola presencia de un hombre, que no parecía hacer mucho, había modificado tanto las cosas?.

Comenzaba a amanecer y, aunque habían caminado mucho y habían trabajado arduamente, no se sentían cansados. Se preguntaban ¿qué era esta sensación?. No podían descifrarlo, pero era agradable seguir a ese hombre que, justo ahora, no parecía un simple hombre. Era un súper hombre, pues había logrado hacer lo que muchos hombres habían intentado y no habían logrado.

Entonces sucedió. Ante sus ojos, con el sol saliendo, ese súper hombre se convirtió en un súper héroe. Frente a ellos estaba su bella ciudad. Ese hombre logró que ellos pudieran volver a una casa que pensaron no verían más.

Era cierto, con el tiempo, aquel héroe había caído. Era verdad también que las cosas que hacía alguien más las podía hacer. Pero algo era diferente, y ese algo era lo que le hacía ser un súper héroe.

Terminé la historia y mi hijo aún parecía confundido. Cuestioné —¿Sabes por qué te cuento esta historia? —mi hijo negó con la cabeza y yo solté una nueva interrogante —¿Qué le queda a un héroe sin fuerza y sin seguidores? —él solo me miraba, así que pregunté —¿No le quedan acaso sus hazañas, los agradecimientos y la satisfacción de quién fue?.

Mi hijo no tenía mucha edad, pero era más listo de lo que muchos pudieran pensar, así que no le fue difícil llegar a una conclusión.

Dijo —Le queda la sabiduría, le quedan las enseñanzas que dio, le queda el amor de las personas a las que salvó —sonreí y, besando su cabeza, dije —Es verdad que ahora eres grande y ya no necesitas tanto de él, pero estoy segura de que él siempre estará allí para salvarte cuando no sepas que hacer.

Aclaré —Puede que tal vez, también tengas que ayudarle pero… —me interrumpió concluyendo —Seré su secuaz —realmente complacida besé de nuevo su cabeza y solo me restó decir —Buenas noches amor.

Cerraba la puerta de la habitación cuando escuché una voz a mi espalda preguntar —Solo debo estar allí para salvarlo cuando no sepa que hacer, ¿verdad? —y, con una sonrisita burlona, respondí —Y dejarte ayudar cuando seas tú quien necesite de él.

Esa noche cambié mi futura profesión, de ser un réferi en un ring, a ser la espectadora de un millón de historias de un gran héroe y su ya no tan pequeño secuaz. 

Capítulo 3. Arruinado por el silencio


“La respuesta estaba en lo que no escuchó y la verdad en lo que no quiso ver”

Llegué al teatro, caminé por el pasillo central y me detuve justo frente al escenario. El telón estaba corrido y el escenario listo para usarse. Faltaban tres horas para la presentación y aún quedaban cosas por preparar, detalles que afinar.

El papel estelar. La obra de mi vida. No, era mucho más que eso. Era el reflejo del dolor más grande por el que mi alma había pasado. Era la única forma de poner fin a esa situación inconclusa que tanto daño me había hecho.

Segundo a segundo las butacas del teatro comenzaban a llenarse, al mismo tiempo que los nervios comenzaban a invadirme. Actuar frente a tanta gente no era la primera vez que lo hacía, pero esta vez, no solo mi imagen quedaba expuesta, mi alma se desnudaría también.

El telón se abrió y allí estaba yo, luciendo tan radiante como se supone debe lucir la actriz principal. Miré con despacio a mi alrededor, todo para asegurarme de que no hubiera una sorpresita para helarme el alma y congelarme el cuerpo. Pero él no estaba así que, después de respirar profundo, comencé.

* * * * * * * * * *

(Se escuchan golpes en la puerta y la pregunta de María)
María: Niña Lea ¿puedo pasar?
Lea: Adelante.
María: ¿Aún no estás lista?, debes estar en la casa DiMauro en una hora y lo sabes.
Lea: Lo sé María, pero no quiero ir.
María: A tu madre no le va a gustar escuchar eso.
Lea: Lo sé.
María: Y no deberías hacerla enojar.
Lea: Lo sé.
María: Anda niña termina que debes partir.
Lea: Lo sé.
*   *   *
(En la sala de la casa están los padres de Lea. Ella baja las escaleras)
Madre: Vaya, ya era hora de que bajaras.
Lea: Lo lamento mamá.
Madre: Anda sal, hoy será un día estupendo.
Lea: ¿Lo será?
Madre: ¡Claro que lo será!, vamos al auto ahora mismo.
Lea: Si madre.
*   *   *
(Llegando a la casa DiMauro, abre una criada)
Nana: Buenas tardes señores Bizantino. Niña Lea ha crecido mucho, es toda una señorita ahora.
Lea: Gracias Nana, es bueno verte.
Madre: Anda Lea, no pierdas tiempo, los señores de la casa esperan.
Lea: Ya voy Madre.
*   *   *
(Lea se pone ropa de dormir mientras María arregla la cama)
María: ¿Cómo te ha ido niña?
Lea: Bien, muy bien María. No sabes lo atractivos que son esos chicos, además de atentos y educados. Creo que ya no me molesta tener que casarme con uno de ellos.
María: Ay niña, ojalá pudieras ver la sonrisota que traes encima.
Lea: No hace falta María, puedo sentirla. Hasta siento que me duele tanta felicidad.
María: La felicidad no duele niña Lea, esa hace sentir bien.
Lea: Pues me siento bien.
María: Me retiro, que pase buena noche niña, y una excelente vida
Lea: Sí.
*   *   *
(Lea entra al comedor donde sus dos padres aguardan)
Lea: Buenos días padre, madre.
Padre: ¿Cómo has dormido?
Lea: Bien padre, muchas gracias.
Madre: ¿Qué has pensado de los chicos DiMauro?
Lea: Pues que son lindos.
Madre: ¿Y ya te decidiste?
Lea: ¡Madre!
Madre: ¿Qué?, a eso fuimos, así que no te comportes como mojigata y elige a uno.
Lea (balbuceando): Madre, a mí me gustaría…
Madre: Lea no balbucees, lo odio y lo sabes. Levanta la cara y habla fuerte.
Lea: Digo que me gustaría elegir, pero primero quiero conocerlos a ambos. ¿Puede ser eso posible?
Madre: ¿Estás pidiendo permiso para salir con ambos?
Lea: ¡Claro que no!, solo quiero conocer a uno, conocer al otro y después elegir.
Madre: No creo que haya problemas, pero no te demores en elegir, o terminaré haciéndolo por ti.
*   *   *
(En la habitación de Lea. Lea tirada en la cama y María ordenando el closet)
Lea: María estoy muy confundida, no sé qué hacer.
María: ¿Te refieres a los chicos DiMauro?
Lea: Sí. Aaron es muy divertido, amable y sobre todo gusta de mí y mi compañía. Mauro apenas me mira, a veces parece que me evita… no parece que le agrade mucho.
María: Pues no veo ningún problema. Si le gustas a Aaron debería ser tu elección.
Lea: El problema es que a mí me gusta Mauro, me gustaría que fuera él quien gustara de mí. ¿Vez el problema ahora?
María: Sí.
*   *   *
(Lea sentada en el jardín de la casa DiMauro. Mauro lee en el invernadero y Aaron se acerca a Lea con unas bebidas)
Aaron: Limonada para la niña mimada
Lea: ¿Mimada?, ¡Retráctate o le diré a mi papi que me molestas! (ambos ríen)
Aaron (volviendo a la seriedad): Mauro se irá al extranjero a estudiar
Lea: ¿Qué?, ¿por qué?
Aaron: Parece que en amores lo pasa mal y quiere poner tierra de por medio.
Lea: ¿Mauro está enamorado?
Aaron: Y mal correspondido según parece. La chica que le gusta ama a alguien más, no ve esperanza en ello.
Lea (susurra): ¡Vaya vida!
Aaron: ¿Dijiste algo?
Lea: Nada.
Aaron: ¿Quieres ir a la plaza?, presentarán una obra de teatro.
Lea: Disculpa, pero creo que me iré a casa, no me siento bien.
Aaron: Pero estabas bien hace un segundo. ¿Segura que quieres irte?
Lea: Sí, lo siento.
Aaron: ¿Saldrás otro día conmigo?
Lea: Claro, hasta pronto.
Aaron: Que te mejores.
*   *   *
(María y la madre de Lea entran a la habitación donde Lea está recostada en la cama)
Madre: Es casi medio día. ¿Sigues sintiéndote mal?, ¿quieres que llame al médico?
Lea: No hace falta madre, seguro es solo cansancio. Se me pasará pronto, no te preocupes.
Madre: Como quieras, pero no puedes estar en cama todo el día, así que procura reponerte pronto. (Sale de la habitación)
Lea: Claro, probablemente me sentiré bien… nunca.
María: ¿Qué sucede niña Lea?
Lea: Mauro ama a alguien y se va al extranjero porque ella no lo ama. ¿Cómo puede no quererlo?, yo brincaría de gusto si él me quisiera como la quiere a ella. Porque para dejar su casa, su tierra y su familia, debe ser muy importante para él. Pero no me quiere, la quiere a ella. No es justo María. ¿Sabes?, ni siquiera la conozco y la envidio tanto. (Comienza a llorar)
María (abrazándola): Llora mi niña, llora y desahoga todo el dolor que estás cargando.
Lea: Lo amo María y, aunque ahora sé que no será nunca para mí, lo amo tanto.
*   *   *
(Sentados en la sala de la casa DiMauro)
Aaron: ¿Entonces la boda será en un mes?
Lea: Si
Aaron: Aaron y Lea, seremos la envidia de muchos... ¿Qué pasa Lea?, no te ves muy animada.
Lea: No es nada, deben ser los nervios por la boda.
Aaron (a Mauro que va entrando): ¡Hermano, adivina… me caso en un mes, Lea y yo nos casamos!
Mauro: Felicidades (se vuelve y sale de la sala)
Lea: No creo que debieras decirle de esa forma
Aaron: Tienes razón, él llorando cada noche por mal de amores y yo restregándole mi felicidad en la cara. Me disculparé con él después. ¿Cuándo lo haremos oficial?
Lea: Mamá quiere que sea la próxima semana en tu casa, ¿hay algún problema?
Aaron: Ninguno. Haré todos los preparativos para que ese día sea perfecto, futura esposa.
Lea: Sí.
*   *   *
(María ayuda a Lea a probarse el vestido de novia)
Lea: Se supone que el día de tu boda es el más feliz de tu vida ¿no?, ¿por qué me siento como si fuera directo al paredón?
María: ¿Estás segura de esto?
Lea: ¿Tengo otra alternativa?, no, no la tengo. Mauro no me ama y se irá lejos, Aaron es muy lindo conmigo, la respuesta es clara.
María: Sí, serás infeliz, clarísima la respuesta.
Lea: Pero Aaron será feliz
María: ¿Será suficiente?
Lea: Lo será. De tres uno será feliz, eso es mejor a que todos seamos infelices. Además, ¿quién te dice que no terminaré enamorándome de Aaron?
María: No lo sé niña, ¿lo harás?
Lea: Lo intentaré. Solo hay una cosa que me tiene intranquila.
María: ¿Qué es?
Lea: Que Mauro no llegó a enterarse de mis sentimientos hacia él. Pero no tiene caso ya, eso nada cambiará. Aunque sigo pensando que me gustaría que lo supiera, solo por no cargar sola con esto que traigo a cuestas.
María: Pues ve y díselo.
Lea: ¿Cómo podría María?, ¿qué ganaría con eso?
María: No lo sé, ¿Qué crees que ganarías?
*   *   *
(Nana abre la puerta y se encuentra a Lea)
Nana: Niña Lea, ¿Qué hace aquí?, ¿no debería estarse preparando para pasado mañana?
Lea: Todo está listo para ese día. ¿Hay alguien en casa?
Nana: Solo el joven Mauro. Los demás siguen con los detalles de la boda.
Lea: La boda. Oye Nana ¿crees que Mauro quiera recibirme?, necesito hablar con él.
Nana: Creo que no hay problema con eso, iré a llamarlo.
Lea: Gracias Nana
*   *   *
(Mauro entra a la sala donde Lea espera)
Mauro: Me dijo Nana que deseabas hablar conmigo, ¿qué sucede?
Lea: Vamos a dar un paseo, ¿quieres?
Mauro: Claro, pero ¿qué pasa?
Lea: Te explicaré en el camino.
*   *   *
(Caminan por una vereda, Lea adelanta a Mauro y, dándole la espalda, se detiene)
Mauro: ¿Y bien, qué es lo que querías decirme?
Lea (susurrando): Te amo.
Mauro (sorprendido): ¿Qué?
Lea (le mira llorosa): Que te amo.
Mauro (nervioso): Vas a casarte en dos días con Aaron, ¿por qué me dices esto?
Lea: No lo sé. Es solo que ibas a irte después de la boda y yo ya no podía seguir callando esto. Sé que amas a alguien y no es mi intención lastimar a nadie, menos a Aaron que es tan lindo conmigo. Pero, yo debía casarme con uno de ustedes y, aunque me enamoré de ti, tú no…
Mauro (interrumpiendo a Lea): Te amo también.
Lea: (mira fijo a Mauro por unos segundos y llora)
Mauro: Él te amaba y creí que lo amabas también. Pensé que si me alejaba podía dejar de sentir todo lo que despertabas en mí. Pero no pasó.
Lea: Mauro…
Mauro (interrumpiendo a Lea): Lea no hay vuelta atrás.
Lea: Digo que te amo, dices que me amas y luego solo te vas ¿en serio?
Mauro: No puedo hacer más, lo lamento. No le haré daño a mi hermano.
Lea: ¿Y a mí sí?, ¿A mí si puedes hacerme daño?. Mauro si te vas, si me dejas, voy a morir. Te llevarás contigo mis ganas de vivir. No puedes irte sin mí, no me hagas esto…
Mauro: Nuestro daño está hecho, no lastimemos a quien puede ser feliz.
Lea: Dos felices de tres es mejor que uno feliz y dos infelices. Mauro por favor no nos hagas esto.
Mauro: Lo lamento. Cásate con él y hazlo feliz.
Lea (molesta): No lo haré.
Mauro: No digas tonterías, tienes que casarte con él y ser feliz con él.
Lea: Podría casarme con él y fingir felicidad, pero yo no seré feliz si no es contigo, tú eres mi felicidad, eres mi vida.
Mauro: Pues haz eso. Finge amarlo, pero hazlo tan bien que te crea.
Lea: No, dije que podría, no que lo haría. Y no lo haré.
Mauro: ¡Debes hacerlo!
Lea: ¿Por qué?, Tú harás lo que quieres hacer. ¿Por qué yo no puedo?
Mauro: Porque lastimarás a Aaron.
Lea: ¿Debo casarme con él para no hacerle daño?... Te sacrificas por él, me sacrificas por él… ¿quién es el malo de la historia?
Mauro: Aaron no, por eso no debes lastimarlo. (Se va dejando a Lea que cae de rodillas mientras llora).
*   *   *
(Mauro entra a la sala de su casa donde Aaron está al teléfono)
Aaron: ¿Qué?, ¿por qué?... Lea no me hagas esto, dime porqué… Lea, Lea… Maldición.
Mauro: ¿Qué pasa?
Aaron: Lea acaba de cancelar la boda
Mauro: ¿Qué?, ¿por qué?
Aaron: Eso fue lo que le pregunté, pero solo dijo “Lo lamento mucho” y colgó. Hermano no sé qué pasa, no lo entiendo.
Mauro: Iré a buscarla, hablaré con ella y arreglaré las cosas. No te preocupes hermano, todo va a estar bien.
Aaron: Gracias hermano.
*   *   *
(Mauro va detrás de María subiendo las escaleras de la casa Bizantino)
María: Se encerró en su cuarto después de discutir con su madre por cancelar la boda.
Mauro: ¿Qué está haciendo?
María: No lo sé, y me preocupa. Nunca la había visto tan mal. No paraba de llorar, estaba muy nerviosa.
Mauro: Es mi culpa. No debí ser sincero con ella. Ella no necesitaba saberlo.
María: ¿Entonces sí habló con usted?
Mauro: ¿Usted lo sabía?
María: Soy como la madre de esa niña. La conozco desde siempre.
Mauro: Abra la puerta María, esa caprichosa me va a escuchar.
(Ambos entran a la habitación y buscan por todas partes. María entra al baño y grita al encontrar a Lea desangrándose en la tina de baño)
María: ¡Niña Lea míreme por favor!, ¡Abra los ojos niña Lea!
Lea: María… mí María… siempre conmigo… María… perdón.
María: Niña no hable.
Mauro (entrando al baño): ¡Lea!, ¿qué hiciste?
Lea (sobre esforzándose para hablar): Mauro… (Llora)
Mauro: ¿Por qué hiciste esto?
Lea: No quería vivir una vida sin ti… no quería… vivir una mentira… no podría… estar sin… ti. (Muere)
Mauro: Lea no, No Lea… Te amo.
(Se cierra el telón)

Se abrió de nuevo el telón. Acompañada de mis compañeros de obra agradecimos los aplausos de nuestros espectadores. Hicimos una reverencia más, levanté la mirada y lo vi aplaudiendo entre el público. Estaba allí una sorpresita para dejarme helada. Y de nuevo se cerró el telón.

En el camerino comenzaba a desmaquillarme cuando escuché —Hermosa obra, felicidades… aunque el final no me convenció mucho. —Dije al hombre detrás de mí que me miraba a través del espejo —Habría sido un buen final para nosotros.

Con su irónica sonrisa espetó —¿Algo tan perfecto?, me temo mi querida Lea que no lo merecemos —y, volviendo mi cuerpo hacía él, lo atrapé de la corbata diciendo —Cierra la boca Mauro y dame un beso —chocando los labios con los de mi muy amado esposo.

Suspiré —No le habríamos hecho tanto daño a tu hermano de haber terminado así. —Pero al parecer él no estaba de acuerdo conmigo. Lo supe cuando dijo —No lo sé, yo lo vi feliz con su esposa, disfrutando de tu obra, —aseguró —No eras para él. Eras para mí —y dije —Somos el uno para el otro.