Aburrimiento




El aburrimiento no es algo que pase en realidad. Ese llega y se queda.





Uno no lo creería pero, después de tres horas, en internet se acaban las cosas para ver. Solté el celular en la mesa al lado de mi cama y fijé los ojos en el techo después de suspirar. Estaba aburrida y eso era en mucha parte desesperante.

«Debería hacer algo» pensé paseando la mirada por la habitación, pero nada llamaba mi atención. Aunque he de confesar que los deberes del hogar nunca fueron algo que me llamara.

Cerré los ojos intentando dormir. Tal vez descansar menguara mi hastío, pero no lo logré. Mi cuerpo no estaba tan cansado como para aceptar una siesta a medio día.

«¿Ejercicio?» ni hablar. Terminar agotada y sudorosa no era lo que buscaba... entonces ¿qué quería?. La respuesta era clara, acabar con mi aburrimiento. Pero al parecer no hay cura para eso. Ni leer —mi más grande hobby— me interesaba justo ahora.

—¿Por qué la vida es tan aburrida? —pregunté sin darme cuenta que había alguien escuchándome.

—Porque no tienes interés en nada —dijo mi mamá desde la puerta a mi habitación.—Tengo muchos hobbys —defendí casi molesta. Esa manía de mi madre de darme la peor personalidad era realmente cansina.

—Menciona tres —dijo—, que no tengan que ver con internet. —Dejándome sin muchas opciones. Internet era la mayor fuente de mis intereses.

—Me gusta leer —dije resuelta. Aunque eso también solía hacerlo solo en internet.—Pero los ojos se cansan María —señaló mi madre. Omitiendo que de pronto la cabeza también se cansa de tanta historia—. Intenta jugar.

—¿Jugar a qué? —pregunté y sugirió: —A ser alguien diferente. Intenta sacarle provecho a tus clases de actuación y recrea el personaje de una mucama... a tu habitación le vendría bien.

Miré a mi madre con desagrado. Por alguna razón nuestras charlas siempre terminaban en que yo me pusiera a limpiar. Pero después de pensarlo un poco —creyendo que podría salir algo bueno para escribir— me levante a limpiar.

»¡Pero no hables tan fuerte! —pidió a gritos mi madre. No podía ser una chacha muda, eso no le vendría bien a ninguna futura novela.

—Esto no es divertido —me quejé cuando al fin terminé. Al parecer la historia a escribir sería una mucama que hacía sus deberes mientras se la pasaba aburrida.

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