Puertas invisibles





"Ser despistado es acostumbrarse a la aparición repentina de objetos frente a ti"






Estaba luchando con mi terrible somnolencia y mis ganas de orinar. Sin contar con el inclemente frío que me suplicaba no abandonara la cama si no quería que hiciera estragos en mi piel. Era plena madrugada por lo que la decisión se tornaba más difícil. 

Al final las necesidades fisiológicas ganaron y, con todo el pesar de mi alma, dejé la cama atrás para ir al baño, a unas cuantas puertas de mi habitación. 

Al rato volví, sorteando los objetos que recordaba, pues en mi ida al baño estaba aún tan dormida que no encendí ninguna luz. Caminé hasta mi habitación y, al llegar hasta ella, mi cara y dedo pulgar del pie derecho se encontraron con la puerta cerrada de mi habitación, que no recordaba haber cerrado. 




¿Les ha pasado?. En mi defensa voy a mencionar que todas las puertas de mi casa son café oscuro, así que de noche, con las luces apagadas, pues no se ven. 

Y la tercera lección aprendida es: Si no encendiste la luz al salir de tu cuarto, camina con las manos al frente. 

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