Internet y mi mamá








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COSAS QUE PASAN... ¿TE HA PASADO?

—¡Deja ya el maldito teléfono! —ordenó mi madre que entraba a mi habitación. La miré con enfado. Esta era nuestra más concurrida discusión. Una discusión en que yo nunca ganaba y de la que ella tampoco obtenía mucho.

—Te pasas la vida tras esa porquería —señaló. Y tenía un poco de razón, más no se la concedería, eso sería regalarle una partida de nuestra infinita guerra perdida. 

—Se te van a secar los sesos —advirtió y casi me reí de ella. Ese cuento no me asustaba, como tampoco lo hacían ya el hombre del costal, que me llevaría con él si no me portaba bien, o el monstruo del armario, que me comería si no me dormía pronto.

—Tampoco es como que tenga algo que hacer —dije mientras bloqueaba el teléfono y lo dejaba en el mueble junto a mi cama, donde estaba tirada. 

Pero ella tenía muchas opciones para mí, ninguna buena voy a aclarar, pues de su lista de quehaceres lo más interesante era bañar al perro y, como recién me había duchado, no era una opción viable. No quería terminar empapada en agua que oliera a perro.

—De todas formas —inquirió —, ¿qué tanto haces metida allí todo el día? —y, con su cara de fastidio, más que a pregunta me sonaba a reclamo el cuestionamiento. 

—No sé, —dije —¿Entretenerme? —frunciendo los hombros y haciendo una extraña mueca con los labios. Ella levantó una ceja y preguntó —¿Estás aburrida? —y, como tal vez era así, asentí mientras la mueca extraña volvía a mis labios. 

—Pues ponte a limpiar —dijo y suspiré con pesar mientras dejaba caer un poco mis hombros. Hice una rabieta insonora y ridícula mientras no me veía, y caminé arrastrando los pies hasta la habitación.

En mi habitación miré a todos lados, no estaba de dar asco el lugar, pero tal vez le haría bien un poco más de orden y le vendría bien un poco menos de polvo.

Chasqué la lengua y caminé hasta el celular que sonaba una nueva notificación. Revisé mis redes sociales mientras volvía a mi postura favorita, esa tirada en la cama recargada a tres almohadas. 

“La acción solicitada no pudo ser realizada, revise su conexión a internet” mostró un cuadro azul cuando quise responder un comentario. Pataleé y me quejé en voz muy alta —¡Mamá!. —Ella dijo —¡Limpia! —y no me quedó más que limpiar.

En esa casa todos sabíamos bien que, mamá e internet, eran enemigos acérrimos, pues cada que mamá entraba a la casa, el internet se iba. 

Comentarios

  1. Jajajajaja, qué épocas. Esas discusiones me dan mucha ternura, ahora que ya no vivo con mi madre. Ahora si no limpio o me cuelgo con el internet, simplemente me tapa la mugre o pasan las horas y duermo menos, o no cocino como corresponde. Al final, las lecciones se aprenden como sea.
    Me encanta el dibujo, ¿lo hiciste vos?

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    1. ¿Dibujar?, ¿Yo?, ¡NO CLARO QUE NO!. El lápiz y yo nos peleamos hace años y no hay manera de reconciliarnos, mis trazos son muy rígidos TTnTT
      Y es cierto que las lecciones se aprenden sea como sea. Gracias por leer y comentar.

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  2. Je, je, je... Si te sirve de consuelo, en el pleistoceno, es decir, cuando era joven y no existía internet, ni el móvil y solo contábamos con un teléfono de cables y auricular que normalmente se encontraba en el comedor nos pasaba lo mismo. Todo cambia para que todo, en definitiva, siga igual. Buen relato!

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    1. Cierto. Las peleas entre madres e hijos perduraran sin importar la razón xD
      Gracias por leer. Saludos.

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