Capítulo 1. El adiós que más duele


"Y es que ni siquiera imaginé que esa despedida sería la última que tendríamos, de haberlo sabido, le habría dado más besos, le habría dicho más cosas, le habría agradecido por todo, lo habría abrazado para siempre a mí"

El lápiz golpeteaba rítmicamente sobre el escritorio, mientras el cuadernillo frente a mis ojos seguía en blanco.

No se supone que fuera tan complicado escribir una poesía. En realidad no lo era, lo sabía. Tan sólo debía aparecer una idea en mi cabeza y las ideas comenzarían a fluir. Se escaparían de mis dedos y se instaurarían en el papel que esperaba ansioso sobre el escritorio, tal como había pasado mil veces ya.

Una idea... Un tema... Una imagen... Solo eso faltaba para que la imaginación comenzara a correr.

La radio le hacía segunda al silencio que me apabullaba. Sabía que eran ecos de una vida que me gritaba —Ten, toma inspiración.

Pero no estaba segura de querer ayuda pues, después de todo, era mi corazón quien deseaba escribir, que por tinta ofrecía su propia sangre, que por sudor ponía las lágrimas que una vez derramó.

Respiré hondo, tan hondo como pude hacerlo y dejé caer mis hombros atrás mientras me balanceaba en una silla y cerraba los ojos. Entonces me sumergí en la letra de la canción que la radio me regalaba.

No sé si puedes escucharme desde éste lugar 
No sé si tengo cobertura desde el más allá
Yo lo que quiero es que me perdones por no poder cumplir
Aquellas cosas tan bonitas que te prometí

Me acuerdo que siempre decía que te haría feliz
Que siempre, pase lo que pase, estaré junto a ti
Pero hay cosas que las personas no pueden decidir
Maldita sea mi suerte, tuvo que pasarme a mí

Y LA CARRETERA, MALDITA RUTINA
POR SOÑAR CONTIGO ME QUITÓ LA VIDA
ME SEPARÓ DE TI, ME SEPARÓ DE TI
SIN SIQUIERA PODERME DESPEDIR...

Belén Moreno despertó en mí no sólo inspiración. Esa canción, junto con los recuerdos que no dejaban de volver a mí, golpeaba mi corazón.

Pude recordarlo, pude recordarnos, pude recordarme. Pude verme quejándome de lo que había sucedido. Ni siquiera había pasado tanto desde la última vez que nos vimos, así que era lógico pensar «Es que ni siquiera imaginé que esto podría pasarme a mí».

Sentía la injusticia atropellarme una y otra vez. A mí, a él, a los que lo amábamos y nos quedamos sin él.

No pude evitar repetir las trilladas frases que ahora cobraban sentido: 
«¿Por qué a mí?,¿Por qué ahora?».

Yo quería morir junto a él. Sin él no me quedaba mucho después de todo. Él se llevó nuestra historia con su presencia. De nosotros ahora sólo quedaba yo y no quería aceptar la soledad que me dejaba entre las manos.

Debía decirle adiós, pero no quería.

¿Cómo podría hacerlo si ni siquiera aceptaba el hecho de que se fuera de mi lado?, ¿Cómo podría hacerlo si lo único que quería era apretar fuerte los ojos y despertar de esta maldita pesadilla?, ¿Cómo podría hacerlo si aún esperaba que esto fuera sólo una mentira?

Deseaba con todas mis fuerzas que ante mí se apareciera con la sonrisita burlona con que siempre me saludaba, diciendo «Te engañé» Pero no pasaría, y no era justo. 

No lo quería, no le diría adiós, yo simplemente fingiría que no pasó. Esa fue mi decisión.

Aun me duele la ausencia, aun me duele verlo entre sueños, aun creo que al ir a su casa lo encontraré en ese sillón en que pasamos horas jugando, riendo, bromeando, planeando, compartiendo una vida que nos unió antes de nacer.

Aun no acepto que te fuiste, aun no creo que no te volveré a ver, aun espero que vuelvas conmigo.

Mientras que las lágrimas, que ahogaban mis ojos, corrían por mis mejillas, mientras mi corazón latía tan rápido y mi dolorido pecho dificultaba mi respiración, me di cuenta que, por mucho que no quisiera ver, la verdad no cambiaría.

La vida seguía corriendo y yo no podía seguir atada al dolor, pero, «¿Acaso no sería yo tan injusta como la vida si tan solo lo dejara en el pasado?».

No quería ser injusta con él. Creía que ya se habían cometido demasiadas injusticias en él. No podía hacerle eso.

No paraba de repetirme que eso no le habría gustado. Él hubiera querido que le recuerde siempre y yo quiero recordarlo siempre.

Mi cabeza era demasiada confusión. Un lápiz y un papel no curarían mi dolor, así que, decidida a dejarlo por el momento, respiré hondo, más hondo de lo que pude la última vez.

Cerrando mis ojos lo busqué entre mis memorias. «Al menos él podía vivir siempre allí» pensé cuando el sueño me atrapó.

* * * * * * * * * *
Abrí los ojos y me calaba la luz. Parecía que mi cabeza estallaría en cualquier momento y aun podía sentir el dolor que la agitada respiración había dejado en mi pecho.
Me incorporé y lo vi. No podía creerlo. Era imposible pero de verdad estaba allí. Era él carne y hueso. Era él en persona.

«¿Acaso desperté de la pesadilla o aún sigo dormida?, ¿Se acabó la broma acaso?, ¿Éste es el sueño o es la realidad que esperé tanto?».

Parecía imposible pero era él. Con su sonrisita burlona mirándome dormir. Era él con su sonrisita burlona observando como la confusión me volvía loca.

No sabía qué hacer, no sabía qué decir, ni siquiera sabía qué pensar.

Y como si lo supiera comenzó a hablar —No tienes que decir nada, solo vine a que me escucharas.

Pero no podía escucharlo, había mil palabras dando vueltas en mi cabeza, mil palabras que terminaban atoradas en mi garganta.

Y, aunque quise decirle todo lo que había guardado por tantos meses, no logré articular ni una sola palabra.

Como respuesta a mi silencio dijo —Si hubiese sido al revés... si hubieras muerto tú y no yo... ¿Qué querrías para mí?... ¿Querrías que viviera atado al dolor de no tenerte?... ¿Querrías que ya no caminara más en la vida?.

Sentí que me atravesó un rayo, sentí un frío paralizante correr por mi ser.

«¿Por qué me preguntaba eso?, ¿Era un reclamo acaso?» Yo sólo no quería ser injusta con él como lo había sido la vida.

Y como si pudiera leer a través de mis confundidos pensamientos dijo —No fue agradable lo que pasó, pero yo estoy bien con eso, tú no. La vida no me hizo nada, solo pago las consecuencias de correr por donde no debía. Aquí la única injusta eres tú, pero no conmigo, contigo, y me duele ser el causante de tu dolor... Me duele que sea por mí que ya no camines la vida que tienes... Es injusto que tú que tienes una vida la desperdicies de esta manera, esa es la verdadera injusticia.

Miré el cielo detrás de él. Miré esa luz que entraba por la ventana incomodando mis ojos. Vi su sonrisita burlona, respiré profundo y, antes de que yo pudiera decir nada, se fue. Desapareció, dejando un eco que repetía —Adiós... Adiós.

* * * * * * * * * *
Abrí mis ojos y ya no había luz, pero todavía parecía que mi cabeza estallaría en cualquier momento y también podía sentir el dolor que la agitada respiración dejó en mi pecho.
Me incorporé y no lo vi.

«Aquí la única injusticia la cometía yo» no dejaba de repetirlo para mis adentros. «Aquí la única que no hacía lo que debía era yo... Él estaba bien» ¿Cómo podría tragarme eso?.

No entendía lo que pasó, además, era un sueño, no es como si de verdad hubiera venido a hablar conmigo, tal vez el subconsciente me traicionó.

Pero... Si hubiera sido al revés... Si hubiera sido yo y no él... En realidad me habría gustado que viviera lo que ya no pude. Me habría gustado que tuviera nuevos sueños y que luchara por alcanzarlos. Me habría gustado vivir en sus memorias y sólo allí. Me habría gustado ser parte de su vida permaneciendo en el pasado y nada más.

Eso pensé. Eso y que de nuevo se fue sin que yo le dijera adiós. Pero al menos esta vez él lo hizo.

Sonreí, pero no era una sonrisita burlona, sino una de esas sonrisas que se ven iluminadas por la satisfacción de haber vivido algo bueno.

Sonreí y el papel comenzó a llenarse de letras, de palabras, de frases, de un adiós que sabía le llegaría a donde fuera que se encontrara.

Yo escribía una poesía como respuesta de agradecimiento por una vida compartida, por muchos momentos felices.

Dios nunca se equivoca,
él hace lo que es mejor,
aunque a veces no lo entendamos,
y aunque a veces no lo queramos.

Un buen hijo, un gran amigo,
una excelente persona,
fue lo que te llevaste contigo
y nos dejaste para extrañar.

No es fácil aceptar que ya no estás,
ni es fácil resignarse a no verte más,
pero mucho agradezco a Dios,
haberte tenido en mi vida.

¿Quién iba a imaginar
que algo así ocurriría?
si tanto repetías
que nada pasaría.

Sin tu presencia nos quedamos
amarrados a la esperanza
de que en un día no tan lejano
volveremos a encontrarnos.

Te extrañáremos
y aún más, siempre te querremos
y aunque duela no tenerte
jamás te olvidáremos.

Para Sergio Iván, mi mejor amigo. 
De María Eréndida, quién más te extraña.

Comentarios

  1. Se me estruja el corazón de imaginarlo. Mi hermano trabajó mucho tiempo sobre cuatro ruedas y sé lo que es recibir la llamada por accidentes de tránsito y correr desesperada al hospital. Además, uno de mis tíos murió de muy joven en un accidente de moto, así que también estoy segura de que el peor trago es para los que quedan en este mundo.
    Me alegra que puedas contarlo, convertirlo en una historia para que los demás podamos leerla.
    Volveré para averiguar cómo sigue.
    ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es lo que más nos estremece, lo que no nos estamos esperando. ¿Quién pensaría que con 19 años él terminaría embarrado en la autopista por jugar carreras?... Le encantaba la velocidad, muchas veces advertí que se mataría una vez, aunque realmente no estaba esperando que sucediera. Y pasó. Asimilarlo no fue fácil, pero no podía vivir negándolo, sobre todo porque se notaba que no estaba.
      Gracias por tus palabras.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

52 Retos de escritura 2017

52 Retos de Escritura 2016

Nuevo año