sábado, 1 de septiembre de 2018

PERDIDO

—Tengo que encontrarlo —repetía un anciano mientras deambulaba por las calles de la enorme ciudad—. ¡Oye!... ¿Tú no la has visto? —preguntaba a cuanta persona se encontraba en su andar. Pero nadie le contestaba, todos le miraban mal y le sacaban la vuelta sin decir media palabra.
La razón tal vez era su apariencia desalineada. O quizá era el olor nauseabundo que desprendía su nada aseado ser. También podría ser esa mirada desorbitada con que les miraba. O por todo lo anterior.

VICIO


Volvió a pensar que no lo haría de nuevo, y esta vez tampoco se creyó. Sabía perfectamente que volvería a suceder, pues solo se arrepentía de pasar toda la noche en las mil distracciones que internet y su teléfono le permitían cuando debía dejar la cama y prepararse para ir a trabajar.

ODIO POR AMOR


Ella entró al aula de clases y bufó un suspiro. El chico le miró con desagradable sorpresa y farfulló algo que le molestó a ella. Ella le insultó y él se burló de ella, haciendo una seña obscena que casi le causó ternura a la chica. Pero lo odiaba demasiado para que fuera así.
El profesor de la clase entró al salón callando todas las burlas y risillas que provocaron en sus compañeros. Esta maleada relación estaba con ellos desde hacía tanto tiempo, y ellos eran tan creativos, que siempre resultaba entretenido verlos hacer algo más. Por eso ella había estado decepcionada de él. Levantarle el dedo medio, ¿en serio? Ternurita.

EL MIEDOSO DE LA NOCHE


Vio la luz en el cielo, esa que formaba un enorme murciélago, y tembló ante la idea de dejar la seguridad de su iluminado hogar. 
Se burló de sí mismo. El caballero de la noche asustado de la oscuridad. Más que irónico parecía idiota, pero era la verdad. Batman no soportaba la oscuridad.

RELATOS DE AMOR

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UN NIÑO DE VERDAD


Había una vez un bosque mágico que resguardaba un hermoso pueblito, en dicho pueblo había una aldea de hadas, donde cada diez años nacía una hadilla con un deseo entre las manos.
En el pueblo había dos deseos muy grandes: un anciano que deseaba una familia y una pareja que deseaba un hijo. El hada no tardaría en nacer y la disputa entre el anciano y la pareja se agrandaba día con día, pues ambas partes deseaban fervientemente lo que querían.

ASTEROIDE 3251



Asteroide 3251, un lugar agradable para vacacionar. O eso fue lo que pensé. Y es que la limitación de equipaje debió darme una pista, pero estaba tan ansiosa de salir corriendo de la tierra que no miraría nada que me hiciera repensar un viaje que en serio necesitaba.
"La playa está bien" dijo mi madre. Pero no quería algo tan cercano a mis problemas. Si quería alejarme en serio de ellos, la otra punta del universo era el lugar perfecto. O eso creí.

DEFORMANDO CUENTOS

Las historias que conoces como nunca antes las viste.

📚 ASTEROIDE 3251
📖 UN NIÑO DE VERDAD
📚 EL MIEDOSO DE LA NOCHE
📖 ODIO POR AMOR
📚
📖

viernes, 31 de agosto de 2018

NOTAS Y MÁS

🖍NAVIDAD
🖋NUEVO AÑO
🖊NO ESTÁ ENFERMA, PERO SE ESTÁ MURIENDO
🖌MALA RACHA, DE NUEVO
🖍3 CITAS
🖋UN LIEBSTER AWARD
🖊Y CUANDO MIRÉ A MI ALREDEDOR, ME DI CUENTA DE QUE TODOS SEGUÍAN CON SU VIDA

MICRORRELATOS

💙RETOS CITAURA
💚LA ÚLTIMA VEZ
💛MI CALAVERITA
🧡EL SABOR DE MÉXICO
💜VICIO
🖤PERDIDO


RESEÑAS Y OPINIONES

¡Para un poco, Elisa!


HISTORIAS CORTAS





En los títulos se encuentra el enlace a cada obra, que contiene, a su vez, los enlaces a cada parte o capítulo. 


LA ÚLTIMA VEZ



«Tengo una enfermedad terminal... estoy muriendo» debió decirlo en cuanto lo vio. ¡No! Debió decirlo mucho antes, cuando le llamó por teléfono para que se encontraran, o quizá cuando se enteró de su condición. Sin embargo, decirlo ahora arruinaría el perfecto día que estaba deseando. Definitivamente, no lo diría.

—Está será la última vez, ¿cierto? —preguntó un joven tan ansioso que se sentía a punto de vomitar—, después de esto no habrá más, ¿verdad?

Ella asintió con una sonrisa que no terminaba de convencer al otro. Algo había detrás de ese gesto, por eso él seguía reacio a aceptar la petición de su ex novia de pasar una última vez con ella.

jueves, 13 de julio de 2017

MALA RACHA, DE NUEVO


¿Sabes qué es una mala racha?, ¿Alguna vez has tenido una, dos, varias?, ¿Has pensado que tu vida puede ser una mala racha?... Mi respuesta a todo es: sí.

Me considero una persona optimista, será por eso que cuando todo pasa me olvido que la pasé mal. Pero, cuando la mala racha vuelve, la sensación de estar den el infierno parece más bien un dejavú.

miércoles, 28 de junio de 2017

NO ESTÁ ENFERMA, PERO ESTÁ MURIENDO.


La espera se torna tortura, los minutos siguen pasando y todos queremos para el reloj. No hay manera de que nadie entienda el significado de las palabras "No hay nada que hacer" cuando no son dirigidas a ellos. Pero hoy mi familia las ha recibido y el mensaje a sido desgarrador.

miércoles, 21 de junio de 2017

LO QUE CUBRE EL SILENCIO parte 4

Descripción e índice

—River flows in you—



—¿Segura que quieres hacer esto? —preguntó Miriam. No la miré, solo pasé la mirada por el empolvado sitio que recién, después de dos años, volvía a pisar—. Es tu casa, nena, todos sus recuerdos están aquí.

—No puedo vivir de recuerdos, menos cuando duelen tanto —musité mientras empuñaba las manos. Este lugar tenía un dulce y asfixiante aroma. Olía a añoranza y ausencia.

—Pero es su casa, tú casa, ustedes la diseñaron, decoraron y eligieron los muebles. Esto es lo que es su vida.

—Esto es lo que fue nuestra vida, una vida que no va a volver. No necesito cosas que me hagan daño, en mi corazón hay suficientes.

—¿No quieres pensarlo un poco más?

—No quiero. La casa es ahora mi única atadura con este sitio, no voy a volver a esta ciudad una vez que me vuelva a Londres.

—¿Vas a dejarlo todo?

—¿Todo?, yo siento como que no tengo nada. Lo lamento, pero no hay vuelta atrás. Yo no podría vivir cargando todo esto. Es muy doloroso volver a un sitio donde, de nosotros, solo quedo yo. Me mantendré lejos para poder vivir, estar cerca de algo que no está me mata.

—¿No vas a llevarte nada, ni el piano?

Cuando Miriam mencionó el piano mi cuerpo se estremeció. En dos años no había siquiera pensado en eso, ni siquiera había intentado escuchar alguna melodía de ese hermoso y doloroso instrumento, que en cada nota susurraba todo lo que yo había perdido, aumentando mi pena.

Negué con la cabeza, justo ahora el llanto estaba atorado en mi garganta, no podía pronunciar ni una sola palabra.

»Fue lo primero que compraron después de que la casa estuvo lista, era su bebé ¿recuerdas?
Como si pudiera olvidarlo. En esa casa nada dolía más que el hermoso piano de cola en color chocolate.

»Te dejaré un rato, piénsalo ¿sí?

Miriam salió de la sala, dejándome frente a algo casi tan terrorífico como la urna de un ser amado. El piano que nos había acompañado en tantas melodías como habíamos adorado interpretar.


—River flows in you —canturreé entrando a la sala donde Tavo tocaba.

—Tú favorita —dijo y besó mi frente al sentir que me recargaba en su hombro.

Sin darme cuenta mis dedos comenzaron a tocar esa melodía que en serio era mi favorita.

Una melodía a cuatro manos, se sentía como si estuviéramos creando lo más perfecto del mundo, música.

—Podría escucharla toda la vida —dije sonriendo al que sonreía—. Quiero tocar toda mi vida a tu lado.

—Así será… lo prometo.


—Mentiroso —bufé, sintiendo como mi cuerpo temblaba, incontenible—. ¡Dijiste que podría tocar a tu lado toda mi vida!

Estaba dolida, siempre lo estuve. A ratos lo amaba, a ratos lo odiaba, pero siempre lo extrañaba, siempre me dolía, siempre deseaba que las cosas no hubieran sido como fueron. Pero no había manera de cambiarlas.

Tomé con fuerza el bate que siempre estuvo detrás de la puerta, un bate que Octavio compró para no utilizar jamás. Mi hombre no era hombre de deportes. Empuñé ese palo de madera y, con todo el dolor y el odio que estaba cargando, arremetí contra el instrumento de cuerdas y madera, que al final terminaría siendo lastimosos pedazos, justo como yo lo era.

Golpe tras golpe grité mi furia, golpe tras golpe lloré mi dolor, golpe tras golpe liberé todo lo que sentía. De alguna forma se sentía como que estaba terminando con todo, y terminar con todo era lo que necesitaba para seguir. Estaba segura de que romper lazos me ayudaría a curar mis heridas, así que necesitaba acabar con todo lo que me dolía.

—¿Qué diablos estás haciendo? —preguntó Miriam, aterrada por lo que veía. A mí hecha un fiasco aún mayor, destrozando el piano. Aunque lo que en realidad pretendía era destrozar los pocos pedazos que quedaban de mi vida—. ¿Estás loca?

—¡Sí —grité—. Estoy loca de dolor. La ausencia me enloquece, la soledad me enloquece, la vida me enloquece!… Estoy loca… loca —terminé susurrando, hincada en el piso, solo mirando trozos de algo que no volvería a ser igual, ni a funcionar. Igual que mi vida.
*
—Sabes mami, la abuela tiene la foto de un piano hecho pedazos en la sala. Es enorme, casi del tamaño de la pared. Tío Varo dice que se llama “Vida” pero no lo entiendo. ¿Por qué un piano destrozado es vida?

—Pues porque hay vidas tan destrozadas como ese piano en la pared de tu abuela —expliqué al pequeño de siete años sentado en el asiento del copiloto que volvería a casa conmigo después de pasar una semana en la casa de la señora Dalia—. ¿Tu abuela está muy enojada?

—Mucho. Dice que no puede creer que fueras tan egoísta como para no decirle nada de mí en casi ocho años. Mami ¿eres egoísta?

—Mucho —aseguré—. Hago lo que sea necesario por protegerme. La familia de tu papá es algo que me dolía mucho, por eso no hablé con ellos de ti, ni de nada.

—Tú eres muy buena mami. La abuela también, pero ella a veces lloraba cuando me veía. Es raro.
—Bueno, creo que es normal que llorara. Eres el recuerdo de algo que no podemos tener más.
—¿Y tú por qué no lloras?

—Porque ya me acostumbré a vivir contigo —dije. Sin mencionar que a veces, cuando las fechas significativas llegaban, lloraba sin que mi pequeño Tavo se diera cuenta.

—No entiendo nada —indicó, volviendo la mirada al teléfono donde jugaba a algún raro juego de hielo.

—No es necesario —aseguré. Sonriendo al mirar lo que más amaba en la vida, el hijo del amor de mi vida, uno que, por egoísta, recién conocía a la familia de un padre que no tenía, que había guardado siete años solo para mí y que, jamás en su vida, tocaría un piano. 



—FIN—

martes, 13 de junio de 2017

LO QUE CUBRE EL SILENCIO Parte 3

Descripción e índice

—Kiss the rain—



—¿Cómo es que puede estar tan tranquila? —pregunté, sintiendo mis lágrimas quemar mis enardecidas mejillas.

—¿Te refieres a mamá? —cuestionó Varo, con una voz nasal y gruesa que casi me hizo reír—. Supongo que es porque está resignada —sugirió Álvaro y le miré confundida.

—¡¿Resignada?! —bufé. No entendía que alguien pudiera resignarse a perder a un ser amado—. ¿Qué clase de madre es ella?, ¿cómo puede resignarse a que su hijo muriera?

—Su hijo murió, mi madre lo aceptó —explicó Álvaro con calma, una calma que me hubiera hecho mucho bien tener. Pero con todos los sentimientos que yo estaba cargando ya no había espacio en mí para la serenidad.

—¡¿Por qué lo aceptó?! —pregunté molesta. De verdad que no lo entendía. Pero Álvaro tenía la serenidad que yo no, y sus crueles palabras, pretendiendo abrirme los ojos, me enfurecieron.

—¡Porque se murió! —gritó, sosteniéndome por los hombros y obligándome a mirarle fijo—. Y eso no puedes cambiarlo. Las cosas que no se pueden cambiar se aceptan.

—¡No! —grité—. No voy a aceptarlo, no puedo aceptarlo… ¿por qué no lo entienden?... Mi esposo está muerto, ¿por qué parece que solo a mí me duele?, él tenía amigos, y todos están charlando, incluso tus padres, parece que están enfocados en complacer al resto y no en sufrir por la pérdida de su hijo…

—¿Crees que a mamá no le duele, o a mí?, nosotros perdimos a alguien irremplazable, mamá no recuperará a su hijo, yo no recuperaré a mi hermano, pero tú, tú… 

No le dejé terminar. Sabía lo que diría a continuación, y no permitiría que dijera tal idiotez. Por eso le estampé mi mano en su mejilla, mientras le miraba furiosa. Álvaro también entendió lo que yo no dije, sus ojos llenos de asombro, y esa expresión cargada de culpa, lo dijeron. 

Tal vez tenía la intención de disculparse, pero yo no quería escuchar nada más de alguien que no era capaz de entenderme. Y en ese lugar no había nadie capaz de hacerlo. Lo supe cuando entré de nuevo a la sala de velación y me encontré con la escena más atroz del mundo entero. Entre charlas, música y risas el mundo ignoraba la pequeña urna donde yacía lo que quedaba del amor de mi vida.

—Saca los dedos —ordené al chico en el piano. Él apartó las manos y yo cerré con fuerza el piano, logrando que todos me miraran—. Se acabó la fiesta —dije para todo el mundo—. ¡Lárguense! —grité—. ¡Si quieren charlar mientras disfrutan de la música, no deberían estar aquí… esto es un funeral, no una maldita reunión de exalumnos. Lárguense ahora mismo todos… Váyanse!

Estaba furiosa, estaba exaltada, o quizá ya me había vuelto loca. Porque cuando mi suegra llegó a quererme calmar me desquité también con ella. Y nadie puede culparme por actuar como lo hacía. Nadie entendía que me estaba pudriendo por dentro mientras todos sonreían.

—Es suficiente —dijo ella—. Sé que te duele, me duele igual, pero no puedes actuar de esta manera.
—No parece que le duela igual —señalé con cierta sorna en el tono de voz que utilicé—. Desearía que no fuera usted la madre de Tavo, de esa forma también podría sacarla de aquí.

La señora Dalia me golpeó, con los ojos llenos de lágrimas, con la mirada más dolida que furiosa, me dio una bofetada que me hizo retroceder, llorar, y arrepentirme de lo que dije.

Lo sabía, sabía que le dolía, no había manera que a ella le doliera menos que a mí. Pero me molestaba que la única destrozada en ese sitio fuera yo, porque eso parecía. La gente a mi alrededor me molestaba, porque habían ido a acompañarme en mi pena, cuando en realidad no les dolía lo que pasaba, al menos no como a mí. Y quién debía estar más dolida estaba demasiado tranquila. Sentía que era injusto que solo yo me viera tan destruida.

—Vamos —pidió Leo, mi hermano, tomándome de un brazo y arrastrándome fuera de la capilla, de nuevo—. ¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Agonizando. —Y es que así era justo como me sentía, con un dolor tan fuerte que suplicaba algo que sabía no pasaría, morir. Nadie muere de dolor, ni siquiera yo que tanto sufría—. ¿Por qué me pasó esto? —pregunté a mi hermano. Él solo me miró—. ¿Por qué es mi esposo quien murió?

El llanto me ahogó de nuevo, sobre todo cuando los brazos de Leonardo me cobijaron. Estas muestras de cariño eran asquerosamente dolorosas. Me hacían sentir más vulnerable de lo que ya era.

—No lo sé, pero lo lamento.

—No lo lamentas —aseguré—. No digas eso, porque no es cierto.

—¿Cómo podría no lamentarlo? ¡Mira nada más cómo estás! Es cierto que no me duele como a ti su muerte, pero mi hermanita está tan destrozada que duele verla. La niña que más amo en el mundo está hecha añicos, y no puedo hacer nada para repararla.

»A todos nos duele esta situación, a unos menos que otros, algunos lloran mientras otros solo guardan silencio. Cada quien expresa su dolor como puede, algunos ni siquiera pueden hacerlo. La señora Dalia está tan ocupada siendo fuerte para ti que no se ha permitido sacar todo lo que siente. ¿Crees que no se está muriendo?, era su hijo, y no va a recuperarlo nunca.

—¡Tampoco voy a recuperar a mi esposo! —reclamé molesta. Ellos no podían en serio creer que algún día me casaría de nuevo para que alguien ocupara el lugar que Octavio dejaba.

—Exacto —dijo mi hermano—. Te pasa igual, entiéndela.

—¿Por qué tengo que entenderlos?, a mí nadie me entiende.

—Nadie te entiende porque es imposible. Nadie más que tú puedes saber lo que cargas. Nosotros podríamos intentar imaginarlo, y seguramente no lo lograríamos. Por eso vinimos a acompañarte, a mostrarte que no estás sola, así que no corras a todos aquellos que vienen a despedir algo que no recuperarán. Porque aunque yo tenga otro mejor amigo, nunca recuperaré al mejor amigo que pierdo hoy.

—¿Por qué se murió y me dejó sola? —volví a preguntar. Necesitaba entenderlo todo para poder aceptarlo. Pero nadie tenía las respuestas a lo que estaba preguntando.

—No lo sé —dijo Leonardo—, pero, aunque no lo parezca, todo va estar bien, algún día.

Y aunque él dijo eso no le creí. A mí no me parecía que alguna vez algo fuera a estar bien, porque en el fondo sentía que yo nunca estaría bien de nuevo. Leo me abrazó, de nuevo, y me abracé fuerte a él. Necesitaba consuelo, y lo buscaría hasta en los apáticos y dolidos abrazos de mi hermano mayor.

El funeral fue tan mal cómo iban las cosas. Algunos lloraban, mientras yo me hacía pedazos. Sentía cómo mi piel, mi corazón y mi alma eran arrancados a tiras, y eso dolía infinitamente.


Lloré hasta que mi garganta se desgarró también, lloré hasta que mi cuerpo y alma estuvieron agotados también, hasta que todo el sin sentido que había en mi cabeza perdió mucho más sentido, hasta que incluso llorar dejó de tenerlo. Entonces, respirando profundo, llenando de aire el cascarón que ahora era, miré a la nada, mientras experimentaba un poco lo que era morir. Muerta me sentía. 

viernes, 9 de junio de 2017

LO QUE CUBRE EL SILENCIO Parte 2

Descripción

—Beloved—


—Era su tiempo —dijo mi suegra, intentando inútilmente darme consuelo.

—¡No lo era! —grité furiosa—. Se supone que la operación era para tener más tiempo, después de la operación él estaría bien y envejeceríamos juntos, tocando el piano como lo hemos hecho siempre, juntos.

—Tienes que tranquilizarte —pidió la mujer—. La operación era una apuesta, podía salir bien o no. Le estábamos tirando a un milagro —señaló una que también se desmoronaba, pero que tenía mucho más temple que yo.

—¿Y por qué no pasó ese milagro? —cuestioné rabiosa—. Él era mi esposo, era joven, ¿por qué no pasó ese milagro?, ¿por qué no sobrevivió?

—Te lo dije —señaló la señora Dalia—. Este era su tiempo.

—¿Entonces está bien? —pregunté— ¿está bien que él esté muerto?, ¿está bien que me haya dejado sola y destrozada?

—No creo que esa fuera su intención —aseguró una mujer demasiado calmada para ser la madre del hombre que recién había muerto.

—No puedo entenderlo —señalé, volviendo a ese estado de desaliento que siempre, cuando dejaba su habitación en el hospital, me invadía y me tiraba a un infierno ya acostumbrado a recibirme—. ¿Por qué pasó todo esto?, ¿por qué él tuvo que pasar por todo lo que pasó?, ¿por qué tanto sufrimiento y tanta pena?, ¿por qué tuvo que morir y por qué yo debo pasar por todo esto ahora?

—Es el precio del amor —indicó el padre de mi esposo—. Por todo el amor que nos dio y le tenemos.
—Desearía no haberlo amado tanto —dije y volví a llorar, sin poder despegar las rodillas del piso, hundiéndome de a poco en un infierno mucho más terrorífico y doloroso que ese en el que había pasado los últimos meses de mi vida.

—Es el deber de los vivos —dijo mi suegra—, sonreír en agradecimiento de los buenos momentos vividos con quien ya no está. Por eso no llores, a él no le gustaría saber que terminaste de esta forma, no es lo que hubiera querido.

—Pues si no quería que yo terminara de esta manera él no debió proponerme matrimonio —dije envuelta en rabia, segura de que siendo solo su amiga no sufriría tanto como ahora que perdía a mi esposo.

No lo entendía bien, me sentía tan atropellada que no podía ver con claridad quien era el responsable de tal injusticia. Quizá por eso estaba enojada con todo el mundo. Odiaba a cada persona que pasaba cerca de mí justo ahora: a los médicos, por permitir que el muriera; a los padres de Tavo, por tener un hijo destinado a morir; a él, por no ser capaz de darse cuenta que las cosas iban mal consigo mismo; y a mí, por haberme enamorado de una persona que podía perder. Aunque ninguno de nosotros tuviéramos culpa de nada.

—No te arrepientas de su vida juntos —pidió mi suegra, pero yo estaba segura qué, de no haber tenido esa vida juntos, hoy no estaría sufriendo de esta manera. Pueden llamarme egoísta, si quieren, pero yo era ese tipo de persona, de las que prefieren no tener nada si cabe la mínima posibilidad de perderlo.

Pero yo nunca vi que podía perderlo a él, esperaba morir antes que él para no tener que verlo partir. Y ahora no solo lo veía partir, sino que lo extrañaría por muchos más años de los que me gustaría extrañar a alguien.

No quise hacerme cargo del sepelio, pero debí haberlo hecho. Aunque no tenía la cabeza para organizar nada en ese momento, justo ahora no tenía el corazón para soportar las ocurrencias de mi suegra.

Un piano cerca de la urna de mi esposo era la peor idea del mundo. Ella dijo que estaba bien, que despedir a uno de los grandes de la música con música era el homenaje adecuado. Pero, si despedir a alguien que amas ya es triste, con música es desgarrante.

No lo soporté, en cuanto vi a alguien acercarse al piano sentí ese hueco en el estómago intentando tragarse mis entrañas y corazón; cuando sus dedos acariciaron las teclas perdí la capacidad de respirar, y al sonido de la primera nota no pude detener mis piernas, que me obligaron a salir huyendo del lugar más doloroso del mundo, el sepelio de mi esposo.

Abandoné la sala de velación, llegando hasta el rincón más lejano de ese cementerio donde, para siempre, descansarían las cenizas de la que un día fue la vida más preciada que yo tenía; y, sofocada, quizá por haber corrido, o quizá por el llanto que me ahogaba, caí de rodillas, sosteniéndome de uno de esos tantos árboles resguardando el lugar más pacífico y doloroso del mundo entero.

Mi rostro se sentía pesado, mi garganta y pecho dolían demasiado, mis hombros parecían cargar un peso que no podía soportar, mientras mi estómago se revolvía en dolorosos sentimientos. Lloré como hacía días lo había estado haciendo, pero mucho más descontrolada que antes, tan descontrolada que parecía jamás podría dejar de llorar.

Mis sollozos eran claros, y fuertes, pero los quejidos me atragantaban. Mi garganta estaba siendo desgarrada por todo lo que quería salir: gritos de dolor, reclamos de injusticia, súplicas al cielo para cambiar las cosas. No importaba el trato, pactaría con quien fuera con tal de dejar de sufrir. Le daría mi vida a Dios a cambio de la de él, o le entregaría mi alma al diablo con tal de recuperarlo. Pero en mi lamentable estado no podía pedir nada, solo suplicaba internamente con dejar de sufrir, aceptaría la forma que fuera, tranquilizarme o morir.

La ayuda llegó de la nada, una mano tocando mi espalda detuvo todo, mi llanto, mi respiración, incluso el latido de mi corazón. Y luego de eso lloré de nuevo, pero sin sentir que la vida me era arrancada en cada suspiro.

—¿Quieres ir a tu casa? —preguntó Álvaro, el hermano de mi esposo, y un gran amigo.

Negué con la cabeza, no tenía ninguna intención de pisar una casa que siempre nos vio juntos, y que ahora tenía que habitar sola.

»¿Puedes soportar volver a la sala de velación? —cuestionó ayudándome a poner en pie.

—No si ese piano sigue sonando —dije tan claro como mi ahogado llanto me permitía, y eso era casi inentendible.


—Lo lamento —dijo Álvaro. Le creí, sobre todo cuando su cuerpo temblando se aferró a mi deplorable figura. Entonces de nuevo lloré, pero esta vez no sola. Lloré acompañada por alguien que creció con nosotros y que, a partir de ahora, igual que yo, debía vivir sin él. 

viernes, 2 de junio de 2017

LO QUE CUBRE EL SILENCIO Parte 1

Descripción de la historia

—Wait there—



—Es un tumor cerebral —indicó el médico mientras señalaba a la radiografía en la pantalla luminosa de su consultorio—. Está instaurado en el lóbulo frontal, y está presionando la corteza premotora, por eso no puede controlar sus movimientos.

—¿Qué tan malo es? —preguntó Tavo, mientras presionaba con un poco de fuerza mi mano que sostenía.

—Bueno —habló el hombre de bata—, tendríamos que hacer algunos estudios más, pero, por la velocidad en que han progresados los síntomas, diría que bastante malo.

“Bastante malo” dijo él. Eso sonaba alarmante, y aun así no creía yo que alcanzara a describir la condición médica de mi esposo.

—¿Es operable? —preguntó Octavio con la voz ronca, y el hueco en mi estómago se hizo más grande cuando el médico dio su respuesta.

—Probablemente —dijo—, pero sería riesgoso. Primero necesito conocer la condición exacta, hagamos los estudios —pidió él y mi marido asintió.

Después de recibir la cita para los nuevos estudios, Tavo y yo caminamos a casa, aunque más bien parecía que él me arrastraba. Mis fuerzas eran casi nulas, me costaba caminar.

—Voy a estar bien —aseguró con una sonrisa cuando entramos a nuestro hogar—. Soy un hombre fuerte, y tu esposo. Te sobreviví a ti, un tumor no me asusta.

—Yo estoy muy asustada —informé entrecortado, con los labios temblorosos y los ojos llenos de lágrimas.

Los síntomas no tenían tan poco tiempo en realidad, pero pensamos que era cansancio y despistes todos esos accidentes que protagonizaba mi marido, hasta que, mientras caminaba, sin chocar con nada, cayó al suelo y no logró levantarse de nuevo por algunos minutos.

—Voy a estar bien —prometió besando mis manos, sonriendo tan hermosamente que me costó trabajo no sonreír también.
*
Mis dedos seguían acariciando las teclas del piano, y mis ojos no se apartaban de la puerta de entrada al auditorio donde me presentaba. Seguía esperando que él llegara, había prometido que estaría aquí. Dos días antes habíamos firmado el permiso para que asistiera a la presentación. Dijo que llegaría tarde, ese día le harían más estudios para la operación que se aproximaba, pero seguía sin aparecer.

Busqué con la mirada a Miriam, mi mejor amiga, y la vi sonreírme con un poco de pesar. Segundos antes también había estado mirando a la puerta, aguardando a quien se supone ocuparía el lugar vacío contiguo a ella. Sonreí, y volví la mirada al piano mientras continuaba dejando que mis dedos marcaran las notas que el público quería escuchar.

De pronto la iluminación del auditorio cambió, la entrada principal se había abierto, y sentí mi corazón detenerse cuando me encontré a Miriam colgada de la manija de la puerta mientras miraba con asombro el celular en su otra mano.

Mis manos temblaron mientras mi corazón se despedazaba, y mis dedos que vacilaban no atinaron ninguna nota más. Mi mejor amiga, llorando al teléfono, solo podía significar una cosa, y esa cosa me estaba matando.

El barullo de las personas desapareció, no les interesaba conjeturar la razón de que la favorita a ganar ese concurso de piano fallara una a una todas las notas, ellos solo pretendían no perder detalle de mí y enterarse de a dónde iba después de dejar el piano.

—Lo lamento —susurró Miriam, sin dejar de llorar, aferrando su teléfono celular a su cuerpo, como si supiera que, al soltarlo, caería en ese vacío y frío pozo al que caía yo—. Lo lamento —dijo de nuevo, y mi rostro se empapó en un doloroso llanto que intentaba sacar todos los sentimientos que yo estaba cargando.

Negué con la cabeza, negué con mucha fuerza. No quería creerlo, no podía aceptarlo. Debía desmentirlo, así que corrí hasta el estacionamiento para llegar a mi coche y dirigirme al hospital donde, aparentemente, mi amigo de la infancia, mi mejor amigo de toda la vida, mi cómplice de aventuras, mi compañero musical y amado esposo yacía muerto.

El camino fue un infierno, parecía tan largo que temí no poder llegar nunca. Aunque eso me daba un poco de seguridad, así no confirmaría eso que saber me mataría.

A unas calles del hospital el tráfico se hizo pesado, impidiéndome avanzar, por eso dejé el auto allí, a mitad de una caótica avenida, encendido y obstruyendo el paso. Aunque no hubiese paso en realidad.
Corrí escuchando pitidos de algunas personas desesperadas, ansiosas de salir del caluroso y aburrido camino, ansiosas por llegar a sus casas y descansar, ansiosas por ver a su familia o tal vez la televisión, por alcanzar todas esas cosas banales que quizá también querría si no estuviera en la situación que me encontraba.

Llegué al hospital, jadeando, sintiendo como mi alma pretendía escapar de mi cuerpo sin lograr más que adolecerme. Corrí a la habitación donde se supone debería estar mi esposo, pero él no estaba allí. Me quedé helada, no podía pensar en nada, así que no sabía a dónde debía ir. Pero no necesité moverme del lugar, mi suegro apareció en la entrada de la habitación con su teléfono en la mano.

—Creí que te tomaría más tiempo llegar —dijo con la voz entrecortada—. Miriam dijo que saliste disparada, no le diste tiempo de venir contigo.

—¿Qué pasó? —pregunté ansiosa, llorosa, dolorida y agobiada.

—Estaban realizando los estudios, sus pulmones y corazón dejaron de funcionar correctamente, tuvo un paro cardiaco y un respiratorio al mismo tiempo. No podían esperar más, el tumor ha crecido demasiado, necesitaba ser removido inmediatamente, así que entró al quirófano y… no resistió.

“No resistió” dos increíbles palabras, dos pequeñas palabras, dos palabras que ni siquiera alcanzaban un significado por sí mismas al estar solas, estaban desgarrando mi corazón.

—Ese no era el plan —musité dejándome caer en esa cama ahora vacía, una cama que mi esposo había utilizado cerca de tres meses—. Hoy se harían los estudios y luego iría a verme al recital, la operación sería en dos o tres semanas y, luego de la recuperación, tendríamos una vida normal y feliz… ese era el plan.


—Lo lamento —dijo el señor Octavio, adentrándose en la habitación, acercándose a mí para darme un abrazo que me diera consuelo. Pero yo no necesitaba consuelo, yo necesitaba a mi esposo, y él estaba muerto.

martes, 30 de mayo de 2017

LO QUE CUBRE EL SILENCIO

Historia escrita para la segunda ronda de la iniciativa Blogs Colaboradores.

En la ronda pasada participé con EL MUNDO DE ¿EL IMPOSTOR? que, al parecer, fue una buena historia. Lo dijo Jaz —a ella le creo todo— y también Edith, mi reseñadora y a quien reseñaré esta vez O.O (No soy buena haciendo reseñas, soy tan mala crítica que evito criticarme a mi misma xD). Su reseña: aquí.

Para esta ronda, la trama del relato debe girar en torno a un instrumento músical muy importante para el protagonista, y el elemento común, que puede ser importante o solo mencionado, es el hielo. 

Mi instrumento será el piano —por eso lo puse en la portada— y el hielo puede que termine siendo solo una metáfora. Y, ya que el género es libre, me daré el gusto de escribir una desgarradora tragedia, cargada de drama y mocos. 



SINOPSIS

Crecieron bajo la sombra de los mismos árboles, rodeados de la misma gente y escuchando la misma canción. Una melodía empalagosa que aprendieron a interpretar a la perfección. 

Unidos por el amor a la música lograron una hermosa vida juntos, amando los dedos del otro acariciando las teclas de ese piano en la sala de su hogar. Pero la vida a veces es cruel, y cambia las cosas en un segundo. Después de que él muriera en esa operación que les había prometido solo un poco de esperanza, la alegría de la casa se tornó en doloroso llanto, y todas esas melodías hermosas que juntos tocaron es ahora LO QUE CUBRE EL SILENCIO. 



CAPÍTULOS
PARTE 1: Wait there
PARTE 2: Beloved
PARTE 3: Kiss the rain



 DETALLES
Categoría: Tragedia, Drama, Literatura
Estado: Concluida
Calificación: Safe
Idioma: Español
Derechos De Autor: © Todos Los Derechos Reservados


RESEÑA
por Aiko Kimura

jueves, 27 de abril de 2017

¡Para un poco, Elisa!

¡Qué difícil es criticar lo que está bien hecho!
Para esta ronda de Blogs Colaboradores, donde participo con EL MUNDO DE ¿EL IMPOSTOR?, me ha tocado reseñar a El fantasma en mi tintero, blog de una preciada amiga y excelente escritora. Su historia se llama ¡Para un poco, Elisa!

Sinopsis: Ella es la peor consejera sentimental de cualquier universo. También la más buscada, a pesar de todo. Elisa Mores ya ha arruinado por igual las vidas de princesas medievales, guerreros del futuro, jóvenes enamorados en la Inglaterra victoriana e investigadores privados en el siglo veintiuno. Esta vez, los problemas vendrán a buscarla a la redacción. Y ella deberá resolverlos de verdad o quedará atrapada, por siempre, en mil historias ajenas.
Género: Chick-lit. Humor. Romance. Fantasía.




Pues bien, aclaremos un par de cosas antes de que yo comience con mi intento de reseña.

Aclaración uno: esta es mi primera reseña, jamás en mi vida he hecho una, así que no sean muy exigentes conmigo.
Aclaración dos: soy mega fan de la autora de esta historia, y amo como nada los personajes de la Pluma Naranja, revista para la que trabaja Elisa Mores como consultora.


Ahora sí, comencemos...


La historia consta de cuatro capítulos y un extra. Nuestra querida Elisa, que al fin se involucra sentimentalmente con nuestro amado Santiago —Ya dije que amo a todos los personajes, ¿recuerdan?—, es secuestrada por un hada que, pidiendo su ayuda, la enreda en algunos cuentos donde viven un par de "desventuras". Pero su personalidad optimista, y ese afán de ganar de todas, todas, le ayudan a salir de problemas. Aunque termina por caer siempre en otro.

La chica es terrible consultora, pero al parecer en los casos prácticos es bastante buena, tanto que, para el capítulo extra, han venido algunos personajillos con una recomendación y una petición —Querida Jaz, vuelvo a ofrecerme para besar al chico encantado— que, por motivos de mucho peso (dinero o diamantes), acepta sin rechistar.

La historia es perfecta, a mi parecer. He leído todas las historias relacionadas a la pluma naranja, así que siento que sus personajes son parte de mí.

Jaz tiene un estilo bastante agradable de leer, su redacción es muy buena y su ortografía es perfecta. De verdad que se disfruta leer a esta chica. Y no tienes que leer las otras historias para entenderla, porque son independientes. Pero yo te recomendaría leerlas, son magníficas de verdad.


Sobre los requisitos de la ronda de Blogs:
➭Escoger un personaje literario e introducirlo en una ambientación literaria ajena 
➭Elemento común; un dibujo (¡Vaya dibujo a elegido, y no creo que se hubiese visto mejor en otra parte de Fae) 
➭Cumplir con el cronograma establecido 


Y pues bien, si disfrutas de la fantasía y las comedias románticas, no puedes perderte esta pequeña y magnifica historia, seguro que la vas a amar. ¡A leer!
 

Eréndida Alfaro Published @ 2014 by Ipietoon